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Etiqueta: clienta

Regalobajona y su antídoto

Envuelvo el regalo en papel de seda,  ¿No sería mejor en tres paquetitos distintos? Cómo no. Los coloco en la bolsa, ¿No la tienes más grande? Pues no. Pero aquí va fenomenal, ya verás. Cuelgo una etiqueta para que escriba el nombre de la niña. Cierro con washi. Uy, yo creo que se va a despegar. Qué va. Este celo es muy adherente, y mira qué bonito queda. No sé yo... ¿Y si...

La ganancia emocional

De igual modo que abro y cierro la caja a diario, me fijo mucho en quién es la primera y la última clienta, como si una y otra abarcaran la ganancia emocional del día en la tiendita. Claro que es importante que al final de la jornada la caja atesore pasta gansa; pero en mi balance también hago inventario de personas, porque con sus gestos, sus palabras,...

La importancia de no llamarse mirto

Entra E. en la tiendita, con bufanda amarilla, katiuskas amarillas, le encanta el amarillo, el papel, la música, la botánica. ¿Sabes que tenemos encendido debate a cuenta de la planta que tienes en la escalera? ¿Del mirto? Creemos que no es mirto. ¿Comor? ¿Le puedo hacer una foto? Y voy a cortar una hoja. Es que no sabemos qué es. Pero mirto, fijo que no. ¿Pero...

Una estrella os escribirá

Como todas las navidades, Solo llevas 3. Ains, la pulcra. aparece E. en Atentamente, y se hace la luz. Como su nombre, E. ilumina, guía, titila... ¿Titila? Ains, la erudita. El primer año vino como una centella: buscaba sellos de renos. El segundo año parecía un cometa: quería troqueles de copos de nieve. Este año aparece veloz, con muchas dudas, y mucha luz. Hola, E. Qué tarde vengo este año. ¿Traes...

Principessa

Entra una princesa. No es una exageración de papelera: es una mujer, y va tocada con una corona, así que: entra una princesa. ¿Puedo mirar? Pues claro —alteza, leo por los subtítulos de por dentro de la cabeza—. Comienza a pasear la princesa, con su coronita en la cabeza, su cámara entre las manos, los ojos muy abiertos, una sonrisa espléndida. Me gusta que mire Atentamente, precisamente...

Clienta callada y atenta

Reconocerás fácilmente a un cliente atento porque sonríe, pasea tranquilo, musita "ay, qué bonito", silba, acaricia el pupitre, aprecia el olor de las flores... A partir de estos rasgos comunes, el cliente atento se diversifica: - Está el atento y enfático, que se despide agitando frenéticamente la mano y lanzándote besos. - El atento y viajero, que se acuerda de la bimba en sus viajes, y envía...