Prueba

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Lo de los talleres. Me traía de cabeza. Cada semana pensaba una cosa distinta, se la contaba a las atentas que preguntaban, no me quedaba conforme, volvía a dudar. Lo consultaba con las talleristas, me decían que lo que yo quisiera, no me ayudaban, lo intentaban. Creí que en vacaciones se me encendería la bombilla mirando el mar; pero el mar estaba tan bonito, que qué pereza pensar.

Qué hacemos, qué hacemos, volvemos, no volvemos, nos conectamos un año más al zoom, alquilamos un salón de bodas y estamos a distancia de requeteseguridad, y alquilar para qué, si tú ya tienes un precioso atelier, en algún momento habrá que volver, y este momento parece un buen momento, ya, pero no sé.

Mi hermano mayor no es muy hablador, bueno, no lo era. Ahora me cuenta muchas cosas, del trabajo, de las niñas, de la maratón que este año vuelve a correr. Llevamos sin vernos una navidad y dos veranos; a cambio, nos llamamos, y hablamos. Hablando hablando con él, le enumero todas mis dudas sobre volver al taller, si la gente tendrá miedos, si sabremos estar juntas de nuevo, si merece la pena arrancar la maquinaria y tener que frenarla, ojalá no pero puede que, otra vez.

  • Prueba.
  • Claro, hermana, prueba, y lo ves.

Por algo es el mayor, qué sabio es. Prueba, papelera, claro que sí, prueba a volver, tú ya sabes qué es dar pasos en el vacío, hazlo otra vez, asegura las medidas, convoca a la corriente atenta, devuélveles su taller, despierta las risas año y medio dormidas, invoca las cosas imperfectas y bonitas. Permítete volver.

Está pensado, cruzamos los dedos, vamos a probarlo, ya sentimos la alegría, en dos semanas, año y medio después, volvemos al atelier.

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