La lluvia, el boli

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Hace tiempo que ruego al dios de la lluvia que se manifieste. Llevo la situación al límite lavando el coche y planchándome el pelo. Por fin lo hace: primero se nubla, después llega el viento fresco, y sin prisa, la lluvia, la lluvia, la lluvialluvialluvia. Saco la camelia y sus amigas a que se mojen, mientras lo hago, me mojo yo también, tengo una papelería y me gusta la lluvia, y un paraguas que no uso en el atelier.

Visualizo el plan de la tarde: puedo repasar el stock de la web, puedo cocinar varias fotos para redes y tenerlas de reserva para toda la semana, puedo alinear tassottis y loktas, puedo apagar la música y oír llover. En realidad, puedo hacerlo todo porque la lluvia es riqueza, pero dificulta las visitas de la corriente atenta. No espero que esta tarde venga nadie, así que puedo aprovechar para…

  • ¡Hola!

[Bravo, papelera intuitiva]. Me giro, un chico.

  • Es que no quiero mojarte el suelo, está lloviendo mucho.
  • No pasa nada, solo es agua. ¿Te puedo ayudar?
  • Tengo.
  • Vale, jo, entonces tengo que entrar.

Me cuenta que mañana es el cumple de su chica, que le ha comprado la agenda que ella más quería, y que hoy le ha dicho que también le gustaría un boli. Que ha buscado en google «charuca salamanca», que no tenía ni idea de que Atentamente existía, que si se lo puedo envolver para regalo, que qué tienda tan bonita, que gracias, que ay el suelo, que bueno adiós.

Sale de puntillas el atento. Doy gracias al dios de la lluvia por esta tarde de riqueza, de bolis, de plantas mojadas, de papelerías no conocidas y encontradas bajo el agua.

4 Comentarios

  1. Te queremos mucho papelera, te admiramos, te seguimos, te soñamos editar servilletas. Aunque no podemos visitarte todo lo que queremos, seguimos aquí en las redes, nubes, al hilo…. Invisible.
    Gracias por estar, por ser.

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