Por su nombre

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Algo bonito del comercio pequeño es que conoces a tus clientes: conoces sus gustos, conoces el día que te visita, o el rato, si trae bolsa propia, si no necesita ticket, si precisa consejo, si se apaña solo, sola. Conoces a tus clientes, los llamas por su nombre, y lo haces, no por lo aprendido en el curso de técnicas de marketing que no has hecho. Lo haces porque a todos nos gusta que nos llamen por nuestro nombre.

Estos días, la mayoría de clientes son veraneantes, viajeros, turistas: pasan unos días por la ciudad, buscan en google «Papelería bonita«, y llegan hasta Atentamente. Qué majo es google (escribir esto posiciona, lo aprendí en otro curso al que no fui).

Familias que buscan cuadernos bonitos para los dibujos de verano de los niños; amigas que hacen turismo de papelerías y al marcharse dicen «tía, el paraíso»; parejas que vienen todos los años («qué bien que sigas, imposible resistirnos al portaminas Kaweco, nos vemos el verano que viene»); una mamá portuguesa y su hija eligen papel de scrap, dicen que en Lisboa no hay lojas así, me quiero ir con ellas, susurran muito obrigada; celebrity de instagram hace fotos para stories, habla tanto tanto tanto que se le olvida comprar; señor mayor y señor joven llevan Tassottis marmoleados y de rayas, preguntan si hay tienda online y cómo embalo el papel, les enseño los tubos de cartón, les parece bien.

Todos los años me planteo si merece la pena abrir las tardes de verano, apenas hay gente, y la que hay, aprecia su vida y no quiere morir de calor. Y luego pienso que estos valientes con chanclas merecen encontrar la tiendita abierta y llevarse algo atento de recuerdo. Y me imagino que conozco sus gustos, sus días de visita, su nombre.

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