Cortesía

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Desde que soy papelera, he aprendido unas normas de cortesía hacia el pequeño comercio:

  • a las tiendas se va (no está bonito lamentarse del cierre de comercios en los que no hemos puesto un pie).
  • a las tiendas se va a comprar (quien te atiende deja su pila de plancha para estar contigo, ¡y lo hace con alegría!, pero charla y chapa se parecen mucho: acuérdate al entrar).
  • a las tiendas no se va cinco minutos antes de cerrar (nos encanta nuestro trabajo, y nos encanta también irnos a casa y desmayarnos en el sofá).

Cinco minutos para cerrar. Empiezo a fregar por el atelier. Se abre la puerta. Dos mujeres y una niña. ¿Conocerán las normas de cortesía?

  • Perdona las horas, que estarás a punto de cerrar.
  • [Sí las conocen] Qué tal, chicas, decidme.
  • Es que queríamos comprar un regalo a nuestra madre, viene mucho por aquí, hace scrap.
  • Genial. ¿Tenéis alguna idea?
  • No sé, le gusta todo, tiene de todo…
  • Bueno, lo bueno de las escraperas es que todo les viene bien. Y si algo ya lo tiene o no le convence, puede venir y cambiarlo sin problema.
  • Ah, entonces fenomenal. Venga, tú sigue fregando que nosotras miramos rápido.

Les hago caso. Las escucho valorar colecciones de papeles, sellos, troqueles. Termino en el atelier.

  • Ya lo tenemos. ¿Cómo lo ves?
  • Es un regalo precioso. ¿Sabré quién es vuestra madre?
  • Pues no sé si te darás cuenta, es una señora mayor, bajita, se llama…
  • ¿Es M.?
  • ¡Sí!
  • Ah, pues habéis acertado, todo esto le gusta y lo va a usar un montón.

Mientras lo envuelvo bonito, pienso que si han venido a esta hora, no habrán podido a otra, que sus movidas también tendrán. Y se queda en el ambiente un aroma a sanytol, papel de Armenia, y cortesía.

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