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Un matrimonio llega a la tiendita. Me cuentan que compraron un mueble para la entrada de casa, y que al ponerlo, no les gustó, que era muy marrón. Me cuentan que buscaron un sitio donde se lo pudieran repintar, que eligieron un verde decapado, «ha quedado muy bonito, enséñale la foto, cariño.» Sonrío. Me cuentan que el mueble tiene 3 cajones y 2 puertas, y que al abrirlas, ahí seguía lo marrón. Que venían dando un paseo, y que al pasar, han pensado, «¿y si forramos el interior de papel?».

Les acompaño al expositor, les dejo que vayan mirando, «cualquier cosa, me decís», vuelvo a mis cosas de papelera. «A mí me gusta éste», «Uhmmm… No sé… ¿Y éste, cómo lo ves?». Les entiendo bien: a mí también me cuesta decidir cada vez que hago pedido, meto y saco del carrito papeles que me ponen ojitos; muchas veces, incluso con el pedido ya completado, pregunto si puedo añadir unas flores, unos barcos, que se me habían olvidado.

Tienen tres candidatos: un brocado en tonos aguamarina, la lavanda, y el de florecitas azul marino. Los saco, los descanso sobre el pupitre, los miramos. Vemos pros, contras, éste no pega con el verde, a ver, que los cajones no van a estar siempre abiertos, es el gesto de abrir y que se vea bonito. Sonríen. Pequeña crisis, ninguno convence, volvemos al expositor. Y entonces. Entonces ven el diente de león. «Es éste. Sí, es éste. Danos cuatro. Cuando lo tengamos, le hacemos foto y te lo enseñamos.»

Les abrazo con los ojos, les agradezco la compra, les agradezco la charla, les digo que hemos ganado por goleada: 20 minutos hablando de papel, 0 minutos de virus. Y sonreímos.

4 Comentarios

    • Me dio la sensación de que esta pareja tenía el propósito de no darle más espacio al virus. Y me encantó esa voluntad de abrirle hueco a otras cosas, bonitas, como dices… Abrazos de gol!

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