No reply

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Llega el mail. 3 meses esperando. Inspiro, espiro, mente neutra. Antes de abrirlo, preparo una infusión de gingko y cola de caballo, es buenísima para algo. Abro el mail: «Le informamos de que, con fecha blablablá, se realizaron las resoluciones de las Ayudas Municipales blablablá, quedando publicadas (pinche en este link) en el tablón municipal. Este correo se ha generado automáticamente. No reply.»

¿No reply? ¿Ni un saludo, ni un Atentamente?

Pincho en este link. Busco la resolución de la Ayuda para la Transformación Digital del Comercio Local. La vi perfecta para compensar el medio hígado la inversión de los nuevos talleres online. Como requisitos, además de saber hacer el pino puente, pedían tener concedido un crédito ICO: lo solicité, me lo concedieron. Además de aguantar 4 minutos en apnea, se necesitaba tener pagadas todas las facturas con antelación a la solicitud: las pagué. Estar al corriente con Hacienda. Y un certificado de penales, que no lo pedían, pero también presenté. Y aquí estoy, 3 meses después. Hago click en Descargar.

«Resolución: su solicitud ha sido denegada por no contar con un proyecto de transformación digital que alcance la puntuación mínima de 6 puntos.»

Ahora ya me acuerdo: la cola de caballo es diurética. Voy al baño. Y sé que mañana lo habré relativizado todo superbién, que si total, es un dinero que no necesito porque ya está pagado, que si la tiendita está saneada, que si las subvenciones tienen retención, que sí, que ya, que todo es perfecto. Pero ahora necesito una oreja a la que reply, porque tenía confianza, había fantaseado con esos euros que servirían para más talleres, para más proyectos, y me siento mal. Me puedo sentir mal.

Y como cada vez que hago pis, entra una atenta contenta. Para relativizar.

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