Elígeme a mí

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¡A mí, a mí, elígeme a míííí! En cuanto he visto que traía en las manos una colección de scrap y cartón de 2 milímetros, lo sabía, sabía que tenía que ser yo. Las demás son pequeñas; yo, en cambio, soy perfecta, me doblo como el bambú, soy resistente, es importante, y soy bonita, es importante, soy lo primero que se ve antes de ver lo atento que llevo dentro. ¡Yujuuu, qué bien que me ha elegido a mí!

Observo su ritual: repasa en voz alta que esté todo, ¿está todo?, está todo; toma aire para escribir la postal; coloca el té, lo anuda con cordel, y ya sí, ahora sí, me lo entrega envuelto en seda. ¡Ay, la seeeda, qué cosquillas! Intento aguantar, pero me acaricia por todos los contornos, ¡no por favor!, jajajajaja, ¡en esa esquinita, nooo!

Me enjuago las lágrimas, ay qué risa, veo que sale a la tienda y veo que vuelve al atelier. Trae un trocito de ese papel. Pero ese papel, ¿cómo puede oler tan bien? Es el de rosa, uhmmm, qué perfume tan delicioso, se me cuela por cada rincón, huelo enterita, dice, a rosas de Irán y de Turquía.

Bolsa protectora, pegatina, ya estoy lista. Intento leer a dónde voy pero no alcanzo a verlo, ¿quién habrá pedido esta colección y este cartón? A veces juego a averiguarlo por el acento. Me quedo esperando en el atelier. Ay, qué nervios, ay, qué risa, qué bien huelo.

Entra el repartidor, me tengo que ir, ¡adiós bimba, adiós papelera!, gracias por dejarme llevar lo atento lejos. Sí, sí, ya os cuento si da saltitos cuando me vea aparecer. Si inspira al abrirme. Si le gusta el té. Si disfruta el papel.

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