Pasan cosas atentas

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Dicen los que lo dicen que es bueno anotar las cosas que vivimos, como si al pasarlas por tinta y papel, se fijaran mejor en nosotros, cobraran importancia. Sucedió esto, y al escribirlo, le doy valor.

Dicen los que lo dicen que llevamos muchos meses hablando de una sola cosa, y que para no perder la cabeza de todo, es bueno que abramos espacio a otras historias, que también nos pasan, y merecen atención.

Escribo lo vivido esta semana en la tiendita:

  • Vacío el bote de los rotus y se lo llevo a mi floristera. Cuanto más rizado tiene el pelo, más la quiero. Le pido un ramo de flores dentro del bote. Me dice que a ver. Le digo que quiero la primavera. Y está la primavera en el escaparate.
  • Con dos cámaras, un trípode cenital, un portátil, un monitor, y focos led que no dan ni pizquita de calor, graban unos profesionales fenomenales el primer taller atento online. Me palpo y noto maripositas, como cuando preparaba la llegada de la bimba. Grabamos el de scrap. Y habrá un montón más.
  • Trae la cartera una postal. La manda M., que escribe del capitán calzoncillos y escribe postales. «Ya veo que tienes muchas postales del mundo, te mando otra de mi playa», cuenta con su lápiz de 6 años. Me abanico despacito, cierro los ojos, estoy en el mar.
  • Una escrapera me cuenta todas las cosas buenas que le regala el scrap, lo que aprende siendo indulgente con los fallos, y lo que disfruta al encontrarles solución. Yo, no sé, me emociono, se me caen lágrimas en la mascarilla. «¿Te puedo abrazar?», propone E., y en un susurro, la cara a un lado, me dice que, después de su familia, soy su primer abrazo.

Ya está escrito. Ya se queda conmigo.

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