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Con restos de papel de scrap y el rotu negro de lettering, hago un cartel para indicar a la corriente atenta cuántos podemos estar a la vez en la tiendita. Primero a lápiz, y después, con la punta pincel, dibuuujo el núúúmero treees. Muy bien, 3 atentos a la vez. Pero 3, ¿contando a la papelera?, ¿los amigos de la bimba cuentan la mitad?, ¿y si viene mamá con carrito, cómo se cuenta? Qué pereza todo, lo pego con washi en el escaparate, que sean 3, y ya se verá.

Es una mañana de verano de la nueva normalidad. La puerta está siempre abierta, en parte por el calor, en parte para evitar tener que abrir-agarrar-limpiar-cerrar-agarrar-limpiar. Estoy a mis cosas de papelera. Oigo a mi espalda:

  • ¡Hola!

Son 3.

  • ¿Podemos pasar?

Son la mamá y sus dos hijos bonitos. Antes de, los veía casi todas las semanas, los niños estudian música, su mamá pasaba a recogerlos, a veces entraban a comprar, siempre siempre pasaban a saludar. Además de la música, también les gusta carvar sellos, dibujar con rotus calibrados, hacer comics, aprenderlo todo, así en general. Cuánto he echado de menos sus voces cantarinas, sus gafitas curiosas, mamáaááá, queremos pasaaaar.

  • ¡Qué alegría veros!
  • ¡Sííí! Es la primera vez que salimos. Hoy vamos a ver a los abuelos después de, y venimos a buscarles una postal.

Ellos no lo saben, pero yo les amo. Eligen una tarjeta, papel perfumado, más goma para hacer sellos, más tintas para estampar. No hay mascarilla que disimule tantísimo entusiasmo por todo, para todo tienen una palabra bonita, hasta para el gel, «¡Mira, mamá! ¡Huele bien!»

  • ¿Y tenéis ganas de ver a los abuelos?
  • Claaaro.

La mamá se despide, los niños tiran besos al aire. Nos habrá arrasado una pandemia. Pero 3 son suficientes para preservar la alegría.

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