Adjunto archivo

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«Con los doscientos y pico euros que me quitan de la cuota de autónomos, voy a reponer unos cuantos washi tapes. Click. Finalizar pedido.» Así me paso los días, mirando cuántas pesetas puedo gastar para llenar poco a poco las estanterías de la tiendita. Sufro cuando me dicen con ligereza que si voy a traer tal nueva colección, que cuándo voy a reponer aquel troquel, que qué pocos loktas he pedido que ya están agotados. Me gustaría explicar que llevo dos meses sin apenas ingresos ni sueldo, que en redes sociales solo muestro la sonrisa, no el culo apretao; que volver a abrir es una cosa, y petarlo, otra; que a veces pienso qué haré si esto se repite. Que emprender es bonito, ni te digo en coronavirus.

Convivo con mi cague, pero no me quedo quieta, me licencio en negociar el pago de facturas, y aspiro a la cátedra en solicitud de subvenciones. Porque hay procedimientos con tal cantidad de vericuetos, asteriscos, documentos descargables, incompatibilidades… que lo que buscan, ay qué majos, es que te agotes y desistas. Estas ayudas son mis favoritas.

Ya tengo leído el decreto, conocidas las condiciones, recopilada la documentación, instalados los trescientos programas, cumplimentada la solicitud. Enviar. Reloj que gira, reloj que gira, reloj que giiiiira. Llamo al teléfono de ayuda al catedrático:

  • Si quiere ayuda para subvención, pulse 1.
  • Si quiere licencia de pesca, pulse 2. [sic]

Llamo hasta 3 veces para 3 monerías diferentes. Lo vuelvo a intentar one more time. Repaso que estén bien todos los archivos adjuntos, anda, se me ha colado la foto que E. me envío hace unos días: éramos bimbas, estábamos en un cumple, teníamos caritas preciosas. ¿Y si…? Venga, no, la quito, le doy a enviar, ¡se envía!, yo creo que me ha dado suerte. Si eso, la comparto por stories luego.

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