Lluvia de primavera

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No tengo muy claro qué servilleta escribir: si la de Todo es perfecto, la de Qué mierda todo, la de Hoy no me ducho, la de Se puede comer en el suelo de mi casa, la de Hola María, te adjunto el recibo del alquiler, la de Querida María, acabo de recibir mi pedido, gracias por hacer mi día especial. (Esta última servillleta la quiero escribir, hoy no, pero la quiero mucho: los pedidos online son lluvia de primavera para la tiendita.)

No sé qué servilleta contar porque no pasa nada: Atentamente está cerrada, cero barullo de talleres, no vienen las escraperas a la escuela, ni llegan cajas grandotas llenas de maravilla, no hay que tomar nota para hacer un libro de firmas o unos recordatorios, ningún debate en medio de la tienda sobre este papel o aquél, o me llevo los dos, que para algo bonito me servirán.

No sé qué servilleta contar aunque pasa todo: ya no me despierta el despertador sino los pájaros; he visto abrirse, hoy un poco, mañana otro poco, las hojas de los árboles del parque; primero nevó, luego salió el sol, ahora llueve; el sofá es la oficina, a ratos trabajo, a ratos me desmayo. A ratos lluevo y florezco también yo.

No sé si esta servilleta es la que quería contar, la corriente atenta solo merece palabras de risa y de cariño. Pero tengo cruzado el Resistiré, ya no puedo pintarme la cara color esperanza, no soporto que las cifras sean cifras, que si aquí se cuentan así y allí asá, que pasemos de las cifras a cuándo comenzará la liga.

Las ocho. Salgo a aplaudir, a saludar a mis vecinos, a recordar a los que ya no están, a agradecer a quienes enferman para curarnos. Ha llovido todo el día. Se ha quedado una tarde preciosa.

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