Todo irá bien en sánscrito y castellano

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Hoy termino mi cuarentena. No la obligada, sino la de yoga. Como pequeña saltamontes, canto mantras durante 40 días seguidos, confiando en que eso que necesito me va a llegar, se materializa, y ya es real. Hoy hace 40 días que comienzo el día con un mantra de protección; me aísla de las penas, eleva mi alegría y la de quienes me rodean, atrae la prosperidad, me prepara para afrontar los retos sin miedo. Vamos, es el mantra fetén. Me lo recomendó mi profe de yoga antes de que todo empezara. Y sin saberlo, me estaba dando herramientas para dos cuarentenas.

Bajo de la cama a la esterilla, cruzo piernas, enderezo la espalda, las manos abrazan el corazón, despierto a mi compañero de piso cantando palabras que no entiendo. En pijama, me acuno durante un buen rato, soy un lugar seguro, soy un espacio de calma, todo irá bien, me lo digo en sánscrito.

Dejo que el mantra siga sonando, preparo el desayuno; se me aprieta el culo mientras miro los saldos bancarios, lo pongo más alto; hago cálculos para ver cuánto tiempo se puede estar sin ingresos, entra un pedido por la tiendita online; llamo al gestor para decirle que ya he encontrado la factura que necesitaba para cerrar el primer trimestre; veo por redes a mucha gente haciendo muchas cosas; me tumbo mucho en el sofá.

Hago un bizcocho de nueces y plátano, y una guirnalda de cumpleaños con restos de Tassotti que quedaban por casa. A media tarde, videollamada. Mis hermanos, mis cuñadas, las niñas, mamá… Y el gestor soplando 79 velas, diciéndome, Maricuela, qué bonica te veo, ¡ánimo, campeona!, que es su mantra en castellano.

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