A quien tú sabes

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Llega un mail de J. Acaba de ver por las redes el libro de Pintura Botánica, cree que podría gustarle «a quien tú sabes», me pide que guarde uno para E., que cuánto cuesta para hacer la transferencia, que ya se encarga de avisarla para que pase a recogerlo. Le cuento que puede comprarlo por la web, indicar Recoger en Atentamente, y así, evitar los gastos de envío. Me dice que qué bien. Me manda un abrazo hasta fin de mes. Decido apreciarlo, cada día, un rato.

El libro es maravilloso, con sus tapas florecidas, su título en lettering y sus proyectos guiados para lanzarnos sin miedos a dibujar raíces, cortezas, tallos, ramas, rocíos, pelusas, brotes, flores. Lo traje pensando en a ver qué tal, y la corriente atenta ha dicho que muy bien, que fenomenal. Envuelvo el libro en papel de seda de estrellas, lo anudo con un cordel, entremeto una bolsita de té. Lo guardo en el atelier.

Es por la tarde. Llega quien yo ya sé.

  • Hola, papelera.
  • Hola, E.
  • Pues nada, que estaba en tutorías, y me ha dicho J. que por qué no salía a despejarme un rato, y me daba un paseo hasta la tiendita.
  • Mira qué bien. Pues precisamente hay una cosita para ti.

Vuelvo del atelier con su regalo. Lo mira, lo reconoce, la tienda se ilumina. «Jo, qué bonito.» Se marcha, sus pisadas dejan remolinos amarillos. Y me siento regalada por tener un sitio que sirve para dar cariño de quien tú sabes a quién yo sé, me siento abrazada hasta fin de mes.

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