Bye, enero

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Hay semanas en las que prefiero no escribir servilletas. Yo sé que la corriente atenta la espera (vale, mi madre, mi padre, y unas cuantas atentas y atentos muy fanes); porque la servilleta es la alegría de vivir. Pero hay semanas en las que la alegría de vivir me la quita Hacienda, que me recauda como si cotizara en el Ibex; o se la lleva alguna clienta y su comunicación llenita de empatía: «¿No te queda? ¡Qué caro! ¿No haces rebajas? ¡Es que no veo nada!»; o se me agota empujando este infiniiito mes de enero, en el que aprieto el culo y disimulo mientras me entero de que varias tiendas maravillosas cierran, y mira que tienen Megustas, pero con Megustas no pagamos las facturas. Hay semanas en las que no soy capaz de participar de la algarabía de las redes sociales, porque ni estoy happy, ni la vida es beautiful, ni tengo mil cosas que contaros, boniteces. Hay semanas en las que prefiero estar callada, bajar la energía, cantar mis mantras, confiar.

  • Maja, qué dramón.
  • Ya lo siento.
  • ¿Y por qué no hablas de que te has cortado el pelo?
  • Pues…
  • … Si total, eso que decías que no ibas a hablarnos de tus mierdas hace tiempo que no lo cumples, porque cuentas que has vuelto a yoga, que escribes cartas, que te ponen multas.
  • Y, mira, a lo mejor consigues que la gente vaya a ver tu estilazo capilar, y de paso, se pille unos troqueles de La Pareja Creativa.
  • Pues oye.
  • Ánimo, papelera, que ya se acaba enero, que está guay bajar la energía, dale caña a los mantras, agradece. Y no te olvides de contarnos dónde te cortas el pelo.

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