Gracia

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Iba a escribir sobre el tercer trimestre del Iva y todos sus modelos amiguitos; iba directa a hablar de mamás que piden a sus hijos que no la armen mientras ellas abren los Tombow, se los prueban en la mano como si estuvieran en Kiko, los cierran mal y se marchan, por supuesto sin comprar; o sobre la señora que me acosa con venderme los muebles de su casa, «son muebles con sabor» (sic);  iba de cabeza contra este putowordpress con el que escribo, tan fácil como pilotar un Boeing 737; iba a gritar que el cambio climático se está cargando el planeta y las ventas, que mientras haya terrazas en octubre, quién necesita papel de scrap.

Iba cabreada como una mona a escribir. Y recuerdo entonces Amazing Grace, la peli de Aretha de la que nos habla L. en la Escuela de Scrap. Cierro puntual, salgo pitando, llego con los trailers, la sala a oscuras, fila 4, asiento 1. Me siento. 

Qué arreglado va todo el mundo, es una ocasión muy especial. El reverendo Cleveland nos da la bienvenida, nos pide que disfrutemos, que vamos a grabar una película y también una misa, que si gritamos Amén y cortan, que volvamos a gritar Amén en la siguiente toma. Y que recibamos con aplausos a la hermana Aretha Franklin.

Canta Aretha que ella también se ha sentido sola, que ha escalado montañas, que no tiene idea de cómo superó las penas, pero que un día vuelves a casa, y sientes la gracia. Entra el coro y braman que todos somos santos; dos señoras brincan de mi lado y salen a bailar; atrás, Mick Jagger agita cadera; me seco mis lágrimas fantásticas y ella dice que no llore, pero todos lloramos. Porque estamos cansados. Porque la vida no puede ser trabajar e ir al supermercado. 

Se encienden las luces. Regreso ligera a casa, el rímel corrido, y llena de gracia.

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