Otra papelería (baja en decibelios) es posible

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Sé que dentro de unos años, cuando en el local de la tiendita haya un kebab, la gente dirá: «Si es que era una tía muy rara. ¿Pues no se puso un día a criticar el scrap, a decir cosas de las marcas de papelería? ¿Te vas a comer los aros de cebolla?»

No es criticar lo que voy a hacer. ¿Cómo voy a criticar lo bello, que desencadena tantas emociones entre las atentas, que ha hecho crecer a la bimba con gusto y criterio, que paga mis clases de yoga, ¡mis multas!? Nada que reprochar a la chaladura de las escraperas, todo mi amor por los cuadernos, las agendas, los rotuladores bonitos. Yo soy la primera que entro en la tiendita, y entro en sosiego. Y aquí es donde quería llegar.

Si el scrap nos anima a dedicarnos tiempo, el bullet a organizarnos con belleza y calma, si esta nueva papelería, en fin, quiere que nos relajemos, entonces: ¿por qué nos chilla tanto?

Porque si se trata de relajarse, mensajes tipo Ansia viva o Lo necesito para respirar no ayudan. Ni que salgan colecciones cada dos meses. O que las agendas de septiembre estén agotadas en septiembre porque se cazan en junio. Redes sepultadas de stories, gifs, y emoticonos de la carita de Munch. Y exclamaciones: he ido a mi médica porque me dolían los oídos y me ha dicho que si no será por Instagram.

  • Qué mal te ha sentado volver a trabajar, abuela.
  • Ya acabo.

Lo que quiero decir es que está en nuestra mano bajar los decibelios sociales, que no nos van a señalar por la calle si no usamos la nueva colección de Pepita Cuquita,

  • Aquí es cuando lo del Kebab.

y que la calma que nos da la papelería no nos la quite las redes!!!!! ni el wasap (carita de corazones, carita de Munch, flor, aplauso, corazón).

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