Lo cuqui, la boñiga y lo atento

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No es fácil mantener el rumbo estético de la tiendita. Bajo su criterio, la papelera

  • Ahora te hablas en tercera persona.
  • Yes.

escoge aquellas cosas que le parecen especiales, cuidadas, con alma. No elige cosas cuquis. De hecho, no soporta lo cuqui. Atentamente será cursi, pija, cara. Será cualquier cosa. Menos cuqui.

  • ZzzZzzZ.
  • Vale.

Lo que quiero decir es que a veces lo paso mal cuando algunas clientas me preguntan si tengo tal marca, o ciertos fabricantes. Lo paso mal porque me parecen una boñiga no son de mi gusto. Cualquier empresario con olfato les diría que ya están pedidos y que la semana que viene los tiene; que cuántas boñigas quiere. Pero a mí no me sale. Prefiero vender aquello que yo compraría.

Algo parecido ocurre con los comerciales. Estoy interesada por algo muy concreto de una marca muy ecléctica. Contacto por mail. Llama el comercial de la zona, que si mañana se puede pasar.

Ya es mañana. Llega el comercial y su maleta de vuelo trasoceánico. Mentalmente pienso si su zona será Europa, y me digo que le voy a dedicar 15 minutos, ya que el hombre ha cogido un avión desde Polonia para visitarme.

Comienza a desparramar sin demasiado afecto colecciones de scrap: con brújulas, con enanos, con conejos, con flores pochas, con cacerolas. Sonrío. Después, un montón de papeles fúnebres que van coordinados, dice, con la jungla anterior. Asiento y trato de recordar si ha surgido una nueva corriente en el scrap para fomentar la bajona. Finalmente, en un catálogo pequeñito, aparece la tela de encuadernar: en algodón, en lino, en colores lisos, alejados del suicidio. Esto es lo que quiero.

  • También tenemos cantoneras manieristas.
  • Qué delicia.
  • No las he traído.
  • Claro, por el sobrepeso Oh.

Quedamos en que le pasaré pedido de las telas de encuadernar. Me mira raro. Recoge rápido. Será que pierde el vuelo.

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