Olor a bueno

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Una vez al mes, hay una empresa que lava la carita de la bimba. No es una empresa recomendada, que me hayan dicho «Llámales, que son muy repulíos.» Es que es una empresa que vi nacer en nuestra casa. Nosotros dejamos de ser nosotros, aquélla ya no es nuestra casa, pero su empresa sigue arreglando jardines, limpiando colegios, empleando personas, creciéndole ramas. Le puso el nombre de los árboles de tierra santa.

Es mediodía. Es último jueves de mes. Aparece la furgo. Sacan aspiradoras, cubos, bayetas. Con M. hablo de running: corre como un foguete, se apunta a todas las carreras. A R. le gusta el scrap: dice que está haciendo un álbum, y que cuando acaben la faena, quiere mirar lino para encuadernar. Me disculpo porque, con estos días de lluvia, la bimba está un poco potrosa. «Para eso venimos», sonríen. Me dicen que marche tranquila, que ellos se ocupan de dejarla guapa.

Regreso a mi casa en singular, y pienso en el lujo: mientras yo descanso, ellos se dan mucha prisa, tienen apenas un par de horas para trabajar. Y mientras yo como —o lo que sea que esto sea—, mueven estanterías, aspiran alfombras, pulen cristales, cazan telarañas, friegan el suelo. Dejan la tiendita con olor a bueno.

Vuelvo. Desde lejos, veo que han terminado, la furgo ya se ha ido. De cerca, me deslumbra el escaparate, han barrido el granito de la calle, los imagino cerrando con la bayeta, la puerta no tiene ni una huella. Entro, la bimba brilla, dice que al mover el pupitre ha aparecido el boli que creía perdido; que debajo de la alfombra había un cascabel; que han limpiado cada taza del atelier. Respiro a limpio y a bueno. Quiero guardar este olor, hasta el próximo mes.

 

1 Comentario

  1. La bimba tiene suerte de ser tan querida por unos y otros. Y no la voy a ver durante dos semanas … no la voy a reconocer ! Volveré con olores a croissants para que me reconozca !

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