Escuela de scrap

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La empleada del año me lo decía, la corriente atenta me lo decía, Santi Balmes me lo decía —vale, en mis sueños eróticos. Pero me lo decía—. Lo que quiero decir es que todo el mundo me animaba a hacerlo. A organizar talleres semanales. De iniciación al scrap.

Y tenían razón: los talleres de los sábados son intensos, aconsejan algunas destrezas, y un diccionario castellano-scrap para entender qué dicen cuando dicen distressar, pásame la crop-a-dile, cuidado con la fuse, vamos a embossar. Son talleres donde siempre se acaba esprintando cuesta arriba. Y hay atentas a quienes todo esto les da fatiguita, porque quieren aprender, pero parten de cero escrapero. Pues para ellas es la Escuela de Scrap.

  • ¿Y eres tú la tallerista?

Pues no. Sabía que la profe iba a ser una clienta entusiasta y disfrutona; una escrapera que conoce todas las dudas de las novatas porque ella también las tuvo; una amiga, a veces, una confidente; tenía que ser M. Se lo propuse una tarde en el atelier, y me dijo que oui.

Es el primer día de Escuela. Aparecen expectantes, con media hora de adelanto, las aprendices, «es que quería que me ayudaras a elegir papeles.» Llega M., radiante, con maleta de scrap y pastas. Es ya casi la hora, pasamos al atelier, les doy la bienvenida, me siento yo también. Porque sé scrap de laboratorio, sé de marcas, catálogos y proveedores, y sé que organizar talleres y a la vez hacerlos no me ha sido posible hasta ahora. Hasta hoy.

Miro a mis compañeras de escuela, marco 13x20cm sobre el cartón; miro a mi profe, posiciono la escuadra para cortar el papel; siento que la bimba está dando un estirón, me emociono; pienso en este álbum y para quién va a ser, me emociono otra vez. Me siento feliz por volver a la escuela. Usamos materiales nobles: cúter, emociones, y papel.

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