Estamos destrozando para usted (y III)

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Lo bueno de lo malo es que también se acaba. Tras dos meses conviviendo con ppppprrrrooommm, kkkkkiiiiiittttttiiiii, tokotokotokotokotoooo, las obras faraónicas llegan a su fin. Primero, retiraron las vallas que cercaban la tiendita; después, se fueron con la charanga 100 amortiguadores metros más allá; esta semana, un camión con brazo de hierro montó en su remolque los barracones, también el váter, de los operarios. Por la mañana, unos jardineros curaban el jardín, removían su tierra, sembraban semillas de césped; me ha parecido que uno de ellos pasaba cariñosa su mano sobre los abedules. Al fin se abre el tráfico, qué alegría podernos de nuevo pegar por los mínimos aparcamientos que nos rodean.

Ojalá tanto destrozo haya merecido la pena. Dicen que eran obras para renovar el sistema de tuberías. Oye, a lo mejor los grifos ahora dan cerveza. Voy al atelier a ver si que tal.

En pleno experimento se oyen los cascabeles de la puerta. Salgo apenada, sale agua. Le veo: un hombretón de rostro curtido, de barba blanca, ¿de ropa roja?, y talla enorme. No lo he visto nunca por Atentamente, pero me recuerda no sé a quién.

  • ¡Hola!
  • Hola.
  • Mira, no sé lo que quiero. Me manda mi mujer a por esto.

Saca el móvil, abre el wasap, retumba en la tiendita su vozarrón: “Una plegadera de Teflón y un bloc de notas de Little Hannah.”

  • ¿Se lo envuelvo para regalo?
  • Pues sí. Es que mi mujer conoce la tienda por el facebook, y como yo he estado trabajando todo este tiempo en las obras pues
  • [Se me caen los ojos] ¿Que usted trabaja aquí?
  • Sí. Ya estamos terminando.
  • Pues la verdad es que me alegro, ha sido duro.
  • Ya. Pero las tuberías han quedado estupendas.
  • Hombre, estupendas estupendas…
  • ¿Qué?
  • Nada, que están fenomenal. Y feliz navidad.
  • También para ti, papelera atenta.

Se marcha, le suena el móvil, lleva de tono Ho Ho Ho.

 

 

 

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