Estamos destrozando para usted (II)

0
180
  • Muy poco te quejas para como está todo esto.

Así se expresa la corriente atenta cuando viene a la tiendita y se encuentra con el apocalipsis que hay ahí fuera. Según fuentes destructoras, las putasobras mejoras del sistema hidráulico van a durar hasta después de Navidad. Y yo quiero llorar. Morir. O matar.

  • Anda, papelera, si seguro que les sacas tes y pastas.

Yo no. Mi madre sí lo haría. Recuerdo un verano: había debajo de casa unos obreros parcheando el asfalto. Mi madre los miraba desde la terraza del sexto y sufría. Nosotros también sufríamos, pero por la escandalera. Ella les bajaba botellas de agua fresquita. Yo-No.

  • No sabes cómo te entiendo. Llevo padeciendo obras consecutivas frente a mi tienda desde hace más de un año.

Es una colega de una tienda preciosa. Me escribe por instagram, la tarde que puse el vídeo del camión-taladro picando a un metro del escaparate. Abrieron una zanja de 3 paracetamoles y al día siguiente, la cerraron.

Yo sé bien que los obreros no son los responsables del destrozo. Prefiero pensar, incluso, que el trabajo les hacía mucha falta, y que son tan buenos en su oficio que acabarán antes de navidad.

A mí lo que me mata es la manera sobrevenida en que las obras han llegado, sin aviso municipal, sin información; lo que me desgasta es el ruido pegado a mi oído, acostumbrada a la quietud de este recoveco; lo que me supera es ver a la bimba manchada de barro, salpicaduras. Por no hablar de los perjuicios comerciales: adiós a las clientas que aparcaban frente a la tiendita, y sin apenas apagar el motor, compraban papeles, washis, sellos, y se iban disparadas, que los críos salen de inglés.

Conclusión: no hay nada peor que las obras.

  • Sí hay algo peor.
  • ¿Qué puede ser peor?
  • Por ejemplo, ser tuno.
  • [Silencio valorativo] Vale: las obras son mis amigas.

 

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here