Un taller para celebrarse

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No cabe ni un trocito de washi tape en el taller. Hoy es de tarjetería navideña, las diez plazas están cubiertas, hay aprendices de Madrid, de Zamora, de Valladolid; hay aprendices que vienen con un bono atento, y aprendices que vienen en familia, también con una amiga. Hay diez aprendices que se reúnen una tarde de otoño para celebrarse. Doy la bienvenida, les doy las muchas gracias por venir a la tiendita, les deseo que disfruten mucho, que este rato es un regalo.

Vuelvo a mis quehaceres de papelera, comienzo a escribir esta servilleta. Es el primer taller de la tallerista: joven, seria, minuciosa, sé que lo va a hacer genial. Entro un momento con disimulo, hago un stories para instagram.

Contesto unos correos, modifico el stock de agujas curvas, alineo el papel de mimosas, las escucho hablar de tintas y papeles especiales. No puedo resistirme: vuelvo a cotillear. Están coloreando sellos, con lápices, con rotus, con acuarelas. Hago una foto, otra, y me pregunto en qué momento de la adultez dejamos de colorear.

  • ¿Queréis que os prepare el té?

Se perfuma el atelier de vainilla, jengibre, limón. Ellas no se inmutan, están concentradas en recortar. Que recortar parece fácil, pero los pinos son pequeñíííísimos. Entra un cliente, pregunta por los Ballograf: dice que está de finde y que se ha puesto una alarma en el móvil para no olvidarse. Le cuesta elegir. Se lleva cuatro. También tres chicas visitan la tienda con calma de viernes, les gusta la música, y una ilustración de Joana Santamans.

Podrían las aprendices quedarse aquí hasta mañana, pero el taller tiene que acabar. Van recogiendo tarjetas, postales, ratoncitos que patinan… Van recogiendo la tarde. Nos despedimos con besos. Nos damos mutuas gracias por organizar, por compartir, por participar. Se marchan felices y celebradas, como niñas saliendo de extraescolar.

 

 

 

 

 

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