Comuniones y enredos

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Se nota que en una semana seré un año más vieja porque cuando pienso en algunas comuniones de las de ahora, me viene a la cabeza que ya no son como las de antes: en la mía, hubo paella, me regalaron un Enredo, vinieron las vecinas, fue una cosa pequeña, y enfocada.

Hace unos días, en la tiendita:

  • Busco papeles para hacer un álbum de comunión.
  • Muy bien, pues tenemos éstos
  • Uy, no, éstos no, que sean de comunión pero poco.

Me hago la sorda pero por los subtítulos de por dentro del cerebro me pregunto que cómo será una comunión pero poco, a lo mejor con un padrenuestro reguetonero.

Ya sé que, en el fondo, padres y madres se afanan por hacer una buena celebración, para que sus chiquillos disfruten y recuerden ese día, como yo mi Enredo, mi paella.

Entran un papá y una mamá. «Mira, no tenemos ni idea de nada, pero nos han regalado un álbum muy feo, y nos gustaría decorárselo bonito a nuestra hija, hace la comunión la semana que viene», explica la mamá, asiente el papá. Miran papeles con flores, con nubes, con angelitos. Miran sellos de niñas vestidas de comunión, unos banderines de colores, y un papel de scrap que te arrimas y se oye «Estamos de fiesta con Jesúúús»: «¿qué tal quedaría en la portada, cariño? ¿Cariño? —Cariño ha salido a mirar el coche mal aparcado—.

Yo les animo mucho, les digo que lo hecho a mano, por ellos, y por sorpresa, es el mejor regalo. Y que haciéndolo se lo van a pasar fenomenal. Me miran raro.

Se marchan los padres, recojo el operativo, pienso que dentro de una semana esa niña recibirá mucho cariño y un álbum para atesorar recuerdos. Recibirá su Enredo. Pues, oye, que tampoco estoy tan mayor.

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