La estrategia del pis

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Lo pone en los libros: «Si aspiras a un negocio de éxito, debes ser activo, dialogante e innovador en redes sociales.» Y debes pagar a google para que así sea. Es verdad: desde que llegó la tiendita online, el trabajo cotidiano de redes no era suficiente: hubo que apoquinar para que el buscador visibilizara a la sorellina cada vez que alguien buscara Tassotti, Charuca, Talleres o Papeleras molonas. Si no lo haces no pasa nada, pero no te conoce ni Cristopher. Nosotras lo notamos: desde que google es nuestro amigo, lo petamos.

También lo dice la sabiduría popular: «La mejor publicidad, el boca a boca.» Y ahí, la corriente atenta es invencible:

  • Ha venido mi hermana a pasar el finde y aquí estamos porque yo sabía que la tiendita le iba a chiflar.
  • Nada, íbamos hacia la catedral, pero antes quería que mi amigo conociera Atentamente.
  • Es que mi profe de scrap me había recomendado la papelería y la he buscado en google —sonido de caja registradora—.

Todas son estrategias publicitarias honorables y valiosas. Pero imperfectas: no están pensadas para el monzón los días de lluvia. Cuando llueve, la gente desaparece. Si al pertinaz meteoro le sumamos que tu negocio es una papelería, no hay google ni boca que te asista. Así que sólo queda una solución: la estrategia del pis.

Puede que haga la peor tarde de la historia de la lluvia, que pase una hora sin que se abra la puerta, que te distraigas colocando las postales por mensajes, los washis por colores, los libros por número de páginas. Hablamos de la tarde en la que se inventó el concepto waterproof. Es cuando pongo en práctica la estrategia infalible: me levanto, voy al baño y hago pis. Y no he tirado aún de la cadena cuando, plum,

  • ¡Hooola, papelera! ¡Madre mía, cómo llueve!

 

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