Poner oreja

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  • ¡¡Es que escuchas demasiado!!, dice la empleada del año.

Es verdad, tengo cara de oreja. Pero no es algo nuevo por haberme hecho papelera, ni una estrategia comercial para aguantar la chapa de esa persona que parece haberse despertado de un coma y lleva 10 años sin hablar con nadie y yo escucho lo que haga falta con tal de que compre. No. Es que soy así, en la vida y en la papelería: la gente me habla, yo pongo la oreja, sonrío, intervengo poco, y cuando se van, caminan más ligeros.

Pienso si tendrá que ver con lo que sea que fluya en Atentamente: los papeles, la música, las postales, las flores, los mensajes escritos en las paredes, el olor a té que se cuela desde el atelier. No sé. Sí sé que la tiendita tiene algo que invita a quedarse, y a hablar:

  • La orquídea, ¿cómo la cuidas? Es que la mía está mu chuchurría.
  • Dime una cosa: ¿el cubilete de los rotuladores, lo vendes? ¿Y dónde lo compras? ¿Y el cuadro del escaparate, quién te lo enmarca? ¡Es que estoy buscando ideas para el pasillo de casa!
  • Bueno, me encanta tu vestido. Y combinado con zapatillas es lo más. ¿Te haces tú la manicura?
  • Madre mía, qué pelos traigo. No vengo a nada, pero ¿puedo pasar la baño?
  • Ring, ring: hola. Pone en la web que tenéis el troquel de rectángulos festoneados. Es que mi hija está haciendo un examen y justo cuando acabe le voy a decir que pase por allí pero quería saber antes si…

Yo sonrío, contesto breve o asiento, y sigo a mis cosas de papelera: escribir correos, saludar por las redes, limpiar la tiendita, buscar novedades que le gusten a la bimba. Hasta que,

  • Hola, papelera. Vengo a por el washi nuevo que has puesto en Instagram. ¡Por qué nos haces esto! ¿Sabes para qué lo voy a usar?
  • Ni idea. Cuéntamelo todo.

 

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