Historias al oído. Y al papel

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  • ¿Y dónde vive tu hermano?
  • En Paterna.
  • ¡Ah, bueeno! Que como pusiste en Instagram que estabais lejos, pensaba que en Berlín o paí.

Esta semana fue el cumple de mi hermano más mayor. 50. Le mandé jamón del bueno, un disco, una postal. Tiene razón M.A. en que ya no estamos tan lejos, pero hubo una época en la que sí.

Hace un montón de veranos hubo un golpe de Estado, uno más, en Guinea Bissau. Aquello nos hubiera pasado desapercibido si no fuera porque allí estaba, como cooperante, el nene mayor. Tuvo que salir por patas. Se fue con maletas, y volvió con amor. Salió ganando.

Como todas las mañanas de aquel verano, voy a la redacción, hacía prácticas de plumilla en El Periódico de mi tierra santa. Andaba buscando historias entre las previsiones del Tour, la pretemporada del Villanovense y el último fichaje del Cáceres CB. Entonces oigo: «¡Colocá!» Levanto la vista, y allí estaba: guapísimo, flaco, rubio, sonriente. Salto a abrazarle: «¡Es mi hermano, es mi hermano!» Mis compañeros me miran como si fuera lela, y yo: «¡Es que ha habido un golpe de Estado en Guinea Bissau! ¡Es mi hermano! ¡Vamos a publicarlo!» Agitan la cabeza y siguen con el Don Balón.

Creo que nunca le había contado este recuerdo, se lo escribo, le cuento lo orgullosa que me sentí al verle, lo importante que es para mí. Le pongo el lacre de plumilla, lo envuelvo en papel bonito, se lo envío.

  • ¡Felicidades, hermano!
  • ¡Gracias, colocá! Me ha gustado mucho todo.
  • ¿Sí? ¿El jamón, el disco?
  • Todo, todo.
  • Qué guay. Me alegro mucho. Te deseo un año fantástico.
  • Lo celebraremos pronto.
  • Muchos besos.

Le vuelvo a llamar:

  • Hermano.
  • Dime, colocá.
  • Que [susurro] te quiero.
  • Y yo… Muchas gracias [susurro] por lo que me has escrito.

En el periódico aprendí que lo importante son las historias. A veces, necesitas decirlas al papel. Y a veces, al oído.

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