Cazapapeles

0
775

Lo molón sería decir Paper Hunter, pero escribo servilletas pensando en mi madre. Aunque mi madre las lee en la tablet y todo lo que no entiende, lo busca en Google. «Nena, lo he metido en el diccionario. Sale cazapapeles

Es por la tarde. Una mujer está sentada en el bordillo del jardín, está tomando el frío y el sol de invierno. La sobrepaso pensando en lo lista que es, mientras saco el llaveropez para abrir la tiendita. Enciendo la calefacción, elijo música, despierto a la bimba de la siesta, vuelvo a ser papelera. Y entra.

  • ¡Hola!
  • ¡Hola!
  • Quería echar un vistazo.
  • Pues claro. Si necesitas algo, me dices.

Recorre la tienda lentamente, mira muy despacio cada sello, cada washi, los papeles, las rebajas de scrap. Ya ha dado una vuelta, mira el reloj, pienso que se va a marchar… y vuelve a empezar: ahora se detiene en maderitas, troqueles, la cizalla, el baker twine. «Madre mía», suspira.

Da una tercera vuelta, tengo un montón de plancha, pero es que no puedo dejar de espiarla. ¿Y si me salgo un rato al sol a ver si se me pasa la tontuna? Es ahora cuando empieza a escoger: dos papeles kraft, el Tassotti de los globos, el sello acrílico de Roma. Y al ir a pagar:

Cuarenta minutos después, se marcha. Le doy las gracias por venir y por esperar a que abriera. Me cuenta que está pasando unos días en la ciudad, y que siempre que viaja, busca en Google —como mi madre— papelerías. Que Atentamente le ha encantado. Que le ha recordado a las papelerías italianas.

Es entonces cuando me derrito por la silla con el buen gusto de la cazapapeles: viajar, tomar el sol, mirar despacio, esperar por lo que quieres… y a por ello.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here