Atentamente experience

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Como estoy más blandibú de lo habitual

  • ¿Más?

cualquier comentario sobre la sorellina me afecta. R. es clienta atenta. Estudia Encuadernación. De camino a la escuela, saluda desde la puerta:

  • He estado mirando la tienda online.
  • ¿Y qué te parece?
  • Pues que le falta algo. Es que… no tiene este encanto.

 

Me voy sorbiendo mocos hasta el atelier. Cojo un bombón de los que me regalaron por la maternidad. Si entiendo bien lo que quiere decir, lo entiendo: que la sorellina es una tienda ordenada, sencilla, cuidada, bonita, pero… no huele a té, ni suena música maravillosa, las flores no se pueden tocar, tampoco los papeles.

Yo entiendo. Qué ricos estos bombones. Padentro.

Es verdad que la experiencia de visitar la tiendita es única. Ver a la bimba correteando por el jardín, o dormida bajo la mesa; pasearla despacio, tararear una canción, mirar la pared de las postales atentas… Son gestos que sólo pueden hacerse en tiendas de toda la vida, en tiendas con tres años de vida, en esta papelería.

A cambio, la online ofrece cosas muy buenas: estás un jueves en el sofá de tu casa y te preguntas si habrán llegado ya los calendarios. Entras, y te ríes con el mensaje tan gracioso de las cookies, te quedas embelesada mirando las fotos que bailan en la portada, te animas a pedir el calendario de las constelaciones.

Al día siguiente, llega el mensajero. Te acomodas en el sofá para abrir tu pedido atento. Te pones nerviosa por lo que viene, y por cómo viene: el cuidado empaquetado, la cinta de tela que lo abraza, la postal escrita a mano, el . No es lo mismo; pero no hace falta que sea lo mismo, salvo en una cosa: en que lo atento sea una experiencia que emocione. Da igual si paseando por la tienda, o por la red.

 

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