Servilletas auténticas

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  • Esta es la servilleta 100.
  • Con más garbo, papelera.
  • ¡Esta es la servilleta cieeeeen!

Las primeras servilletas están escritas en el sofá de mi hogar de ladrillo, unas semanas antes de que abriera la tiendita. Explicaba el porqué de esta ida de olla; cómo vi aparecer el nombre de Atentamente de mi mano zurda; los avatares previos a la apertura, mis solemnes intenciones. Eran la parte teórica del servilletero. Porque, desde el momento en que Atentamente nace, comienzan las servilletas prácticas, auténticas, filtradas, vale, por mi mirada novelesca, pero basadas todas en hechos reales: el váter se anegó, el inventario se perdió, la puerta se cerró, el boj se murió, no así las multas, que resucitaron milagrosamente cada tres días.

Real también es el pupitre de escuela que P. me regaló y metió por la puerta porcojones con determinación, los tinteros que rebuscó una medici atenta para completarlo, el juego de compases del abuelo de N., la máquina de escribir y la máquina de coser, todas las postales atentas.

Y aunque parezcan personajes de novela fantástica, son de carne y hueso mi floristera más favorita, la niña guitarra y la niña caracol, la baby sitter de la bimba, clienta callada y atenta, los guiris que no encontraban aparcamiento y el que buscaba regalos para llevar a su amor. La corriente atenta es vera y verdadera, generosa, divertida, paciente, inspiradora, amable. Auténtica.

En el sofá de mi hogar, yo quería escribir servilletas porque intuía que en Atentamente iban a suceder cosas maravillosas. También porque no me veía haciendo un blog con tutoriales de scrapbooking o para promocionar los últimos washitapes. Yo quería contar historias cotidianas, y hacerlo brevemente, en lo que permite una servilleta. Lo que no sabía es que iba a llegar a 100, ¡100! así de alucinada, porque todo lo contado ha sido verdad.

  • ¿Cómo la gotera?
  • Y como la bimba que hace dibus en servilletas.

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