La divinidad de lo cotidiano

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Hay una divinidad en yoga a la que se reza para lo doméstico: si vas conduciendo, para aparcar; si corres hacia el coche, para que no haya multa; si abres con agobiera el frigorífico, para que te salude una Mahou. Dos.

Esta mañana solo hay un tetrabrick con la pócima de soja, diciéndome hola con mucha mala leche. Ay, divinidad, que aparezca una tostada con aceite.

<Silencio>

Me animo pensando que puedo desayunar en algún lugar bonito, antes de despertar a la bimba.

De camino al festín, recuerdo que no hay flores en el escaparate, así que me desvío y voy a ver a mi floristera más favorita. Compro anastasias malvas de tallo superlánguido. El tiempo que iba a dedicar a zampar, lo empleo oliendo el azahar de un naranjo enano, fantaseando con lo bien que quedarían esas hortensias XXL a la puerta de la tiendita, que está el pobre boj pasando una racha regulera.

  • ¿No crees que quedarían bárbaras, M.?
  • ¿No crees que tienes que abrir un negocio?

Salgo abrazada a las flores, un poco colocada entre los perfumes y el ayuno. Ay, divinidad, un donus yo te ruego.

<Nada>

Entro en el banco, a ingresar el pastizal reglamentario. Esta oficina es nueva, eficaz y aséptica: no hablas con personas humanas y una máquina tope sofisticada te va diciendo lo que tienes que hacer. A mí —es el ayuno— me lo tiene que repetir 3 veces.

Al fin llego, subo la persiana, barro, friego, penduleo de la tienda al atelier. Tengo hambre de perro grande. Por qué, divinidad, por qué.

Pasan las horas. Entra un repartidor. Trae un pedido con gubias, lápices acuarelables, tintas multisuperficie. Me arrodillo frente a la caja, cojo un cuter, cierro mucho los ojos: «Divinidad de lo cotidiano, que venga un filete.» Y ahí está: el nombre del proveedor… ¡en forma de bro-che-ta de chuches! Se me empañan los ojos, ¡pero qué suerte la mía!, y para generar prana, me hago una infusión. De rooibos.

 

4 Comentarios

  1. ja ja ja ja Pero eso no puede volver a suceder, por qué pasar hambre, sales y haces lo posible por comprar fruta o lo que sea en la primera tiendita de comestibles o bar cercano. Divina tu cotidianeidad cotidiana.

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