Silencio atento

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Llamarse Atentamente puede ser una putada cortapisa. ¿Por qué no pensaría otro nombre menos exigente, no sé, Atentamente… a veces? Mira que la corriente atenta es generosa, y trabajar aquí —levanto la mirada, sonrío, es que es preciosa, la bimba— un privilegio. En estas condiciones tan amables, ser atenta sale natural.

Pero hasta la papelera más atenta echa un borrón. Hay días en los que lo atento se me disipa a base de multas, prisas, facturas, apreturas… Y justo esos días, llegan clientes con la dichosa interacción, la frasecita de no fui a clase de empatía:

  • Pues no veas lo que me ha costado encontrarte.
  • Uy, maja, este sitio… está muy retirado, ¿no?
  • Lejísimos, vengo de leJÍsimos.

Aquí me acuerdo de M., mi floristera más favorita, cuando un día, en la rebotica donde elabora sus ramos-maravilla, me interroga, sin dejar de cortar el eucalipto: «Pero, a ver: ¿tú aún no tienes clientes gilipollas?»

A mí me sienta bien M. porque macarrea mi vida. Y tiene razón: en ocasiones los clientes no cooperan, o lo hacen con las habilidades sociales muy justitas, y si me pillan en fase disipada, pues me dan ganas de delinquir. Yo suelo contestar:

  • Bueeeno, la primera vez a lo mejor cuesta un poquito encontrarla.
  • Hoombre, estoy a cinco minutos de la plaza.
    • ¿Dónde vives, en Zamora…?
    • ¡En Garrido!

En estos casos, la comunicación es imposible, y también inútil: la tiendita no tiene ruedines, no la puedo arrastrar hasta la plaza, de Garrido, of course. Y además —lo he aprendido en yoga— vibrar cosas chungas no mola.

Así que he desarrollado el silencio atento. Consiste en que cada vez que alguien me atiza con el rollo de cerca-lejos, me quedo callada. Absolutamente. Al principio es incómodo: esa persona te está hablando y tú ni puto caso. Pero es un silencio necesario. Muchas veces, se contestan solos: «Bueno, en realidad tampoco estás tan lejos… Estaba dando un paseo, y aproveché…» Entonces, recupero el habla: «¡Ah, qué bien! Hace una tarde estupenda.» Y compruebo el valor de la palabra justa. Y del silencio atento.

9 Comentarios

  1. Yo vivo en Zamora, ja ja ja y también voy. No todo lo que quisiera pero voy y siembro, y difundo entre los buenos amigos que sé que te van a apreciar. Me parece educado tu silencio. A y lo de la tiendita en una calle Diagon me ha encantado, abrazo desde Zamora.

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