Permitido fijar carteles

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Pasé mi infancia con una duda grande, ¡enorme!, inmensa como Barcelona. Paseando por las calles, en paredes impolutas, leía: Prohibido fijar carteles. «¿Y de qué carteles se van a fijar, —razonaba yo— si no hay ninguno que copiar?»

Recuerdo esta ingenuidad los días que me toca fijar carteles, los carteles que anuncian los talleres atentos. Podría colocarlos siguiendo los criterios publicitarios del itinerario del buen emprendedor. Abrazando la más pura vagancia, los pego de camino a la tiendita de papel. Con washi tape, eso sí. Vaga pero elegante.

Escuela Oficial de Idiomas. Estuve yendo hasta cuarto de Italiano. Quinto lo aprobé sin casi pisar aula, y este año soy la mecenas del último curso. Voy a proponer en secretaría que inviertan mi matrícula en birra Moretti. Peccato.

La Escuela de Artes y Oficios. Pam, pam, pam. A lo mejor son aporreos de los aprendices de encuadernación. Muchos vienen a comprar papel, y me gusta que Atentamente participe en su formación artesana, imperfecta y bonita.

Conservatorio de Música. Se escapan arpegios, escalas, acordes de las aulas. Quiero aprender música, silbo mientras busco un hueco para el cartel. Cuando la bimba sea un poquito más grande, decido.

Microteatro La Malhablada. «Malhabladas queridas, qué frío hace. ¿Me podéis pegar el cartel, plis?», y lo cuelo por el buzón.

Cafetería 1. Me chifla porque aquí hago el segundo desayuno y porque el tendero está de toma pan. El bizcocho de yogur también le sale rico.

Cafetería 2. No es fácil encontrar sitio en la entrada, tapizada siempre de mil historias. Que figuren por unos días las historias atentas me parece un honor. Lo miro antes de irme… Un honor.

Biblioteca Municipal. A lo mejor, alguien que venga buscando libros de poesía japonesa, ve el taller de haikus, y decide apuntarse.

Cafetería 3. Este lo pego a toda castaña. Me he recreado demasiado en la 2.

Fotocopiadora. «Vecinos, aquí os pego el cartel que primorosamente me imprimís.» «Deja de hacernos la pelota y trae los cartones, que te los cortemos para el taller de encuadernación

Y así cada mes. Es verdad que son efímeros, que el agua los estropea y que el washi no acaba de pegar en la piedra de Villamayor. Pero disfruto mucho fijándolos en lugares tan hermosos; y pienso que tendría que estar permitido fijar carteles. Sobre todo si son atentos.

 

 

 

 

4 Comentarios

  1. Llevo una mañana de escándalo, ya sabes, enero con sus cierres y ajustes contables para maquillar las cuentas. Por suerte he oído la notificación de correo nuevo y leo tu entrada, que me evade y transporta durante unos minutos fuera de aquí. Y aunque no puedo saborear ese café si puedo imaginarme sentado en una de esas cafeterías con una agradable compañía de suave voz. Y atentamente releo la servilleta.
    Tengo una visita pendiente.

  2. Si la servilleta me sirve de inspiración atenta, a partir de ahora me va a servir para continuar atentamente los estudios de italiano !mira que me esta costando!

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