Bimba de paz

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V., la vecina de la fotocopiadora, lo dice ya desde la puerta: «Es que me gusta venir a traerte los flyers porque, es entrar en Atentamente, y se respira como paz.»

La corriente atenta también solemniza exageradamente en la misma dirección: «Me quedaría a vivir aquí.» «Los talleres son mejor que un spa.» «Puedo mirar solamente el papel? Me relaja.»

A. viene a conocer a la bimba, y también a la papelera atenta. Nos hemos escrito correos y wasap, tenemos amores comunes que nos hablaban de cuantísimo íbamos a conectar, dábamos mutuamente a los megusta de nuestras redes sociales, pero nunca nos habíamos visto. Hasta que llegó la Navidad. La bimba de A. se llama Cocowawa, y es preciosa, y es valiente, y delicada como la organza. Al marcharse, nos damos otro abrazo más. Sin soltarme, dice: «Traía muchas cosas en la cabeza, pero se han disuelto todas. La bimba da mucha paz.»

A mí también me ocurre: me precipito en la tiendita como una peonza, mareada por todo lo que ya he hecho y lo que me espera por hacer. Entonces, abro la puerta, huele a Atentamente, y comienzo a estar inmediatamente bien.

Y pienso, que estos días, podíamos compartir de alguna manera la paz que la bimba nos da a todos día tras día.

Probemos hoy.

Feliz Noche de Paz.

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