Profesora-papelera

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Por las mañanas, Atentamente está preciosa. Me parece, por eso, muy normal encontrar una pareja sentada frente a la persiana, en el bordillo del jardín, entre magnolios, arces, abedules. Yo a veces también lo hago. Qué bonita está la bimba, aún dormida.

La despierto con cuidado, y entra la pareja. Me cuentan que están buscando un cuaderno porque su profesor se jubila, y quieren darle las gracias por ser tan excelente. «Es un hombre que sabe tanto, y que lo cuenta tan bien… Ayer mismo, en clase de Historia del Arte, ¡nos estuvo hablando de pájaros!»

Eligen un cuaderno fabuloso, con una cubierta que cruza el Estrecho de Bering, el Mar del Norte y el Pacífico. También Australia, donde un koala, superagusto, abraza ¿una acacia?

Me quedo pensando qué suerte mutua, la de los estudiantes, y la del profesor. Los entiendo bien porque tuve Maestros que me enseñaron, sobre todo, actitud. Así también yo lo intenté porque, antes que papelera, fui profesora. Como investigadora, escribía rollos mu cojonuos  artículos de investigación sobrios, rigurosos, pura ciencia. Un coñazo. Pero me las arreglaba para, en medio de aquel paramal, colocar alguna alegría que aliviara al sufrido investigador. Una vez me escribieron de una revista científica aconsejándome que, para su definitiva publicación, modificara ciertos aspectos de mi artículo. Y que se habían reído mucho con mis metáforas.

También en las clases me las apañaba para combinar el jeroglífico de los tesauros con palabras de Paul Auster; la historia de la documentación con música de Damien Rice; la estrategia de la información con la expedición de Amundsen; los criterios de selección documental, con los pasos funambulistas de Philippe Petit. Creía entonces que todo sumaba.

Los veo marcharse con su cuaderno viajero, me alegra seguir encontrando alumnos curiosos y agradecidos, me entra un poco de nostalgia… se me pasa pronto. Porque, aunque es probable que no haya demasiadas papeleras acreditadas por la ANECA, sé que la profesora está orgullosa de la estudiante de Primero de Papelerías. Y que todo suma.

2 Comentarios

  1. Me gusta mucho tu manera de contar y, aunque no conozco Atentamente porque vivo en el otro extremo de la Península, tengo ganas de acercarme a ella y contagiarme de tu espíritu.

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