Taller sopetón

0
318

No es bonito que la semana en la que se destapan casos de corrupción fiscal te toque pagar el IRPF y el IVA —no el trimestral, que estamos en recargo de equivalencia, sino el de operaciones intracomunitarias. Que se note que me empapo los boletines de Infoautónomos—.

Ni está bonito que la semana en la que haces pedidos con el culo apretao anuncien en el parte chubascos localmente fuertes.

O que te pegues las tardes comiéndotelosmocos subrayando los boletines de Infoautónomos porque no entra ni Christopher en la tienda de papel.

Emprender es bonito… y tremendamente desconcertante. Pasas de ser la embajadora del washi a que entren a preguntarte si eres una mercería; o si tienes fuego, guapa —aquí sonrío mientras en los subtítulos de por dentro del cerebro se lee veteatomarporculo,salao—.

En tales situaciones, es fácil dejarse llevar por el bucle de ay qué malito estoy y qué poco me quejo. Es incluso legítimo. Y es cuando, los que saben, aconsejan cambiar de dinámica, virar hacia otro sitio, poner la atención en otra cosa… o, en lenguaje atento, que te llegue un taller sopetón.

En el sofá, hace unos mediodías, leo en el móvil:

¿Te llegó el correo?

Tengo pendiente una visita a Zamora y de camino, si quieres,

podemos hacer un taller de washi tape en Atentamente.

Me caigo del sofá porque era un mensaje de la reina del washi herself, porque no me llegó el dichoso correo, porque me parece muy precipitado, y porque estamos en pleno bucle ayquémalito. Le contesto, por supuesto, que .

El taller sopetón triunfa como la cocacola: mujeres —y niño— acuden en aluvión; se topan con una montaña adhesiva de cuadritos, rayitas, puntitos, confetis; se olvidan de sus particulares bucles… y empiezan a jugar.

Y mientras les escucho reírse, pienso que la próxima vez que entre en el lastimerío, me pego un washi donde me duela, me tiro del sofá y me pongo, de sopetón, a jugar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here