¡Que viene la atenta!

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Es lo que creo que se dirán con la mirada los cajeros de la Caja. «¡Todos a sus puestos: que viene la atenta!» Yo no me entero porque vuelvo al planeta mientras me quito los cascos, convencida de que Santi Balmes quiere arriesgarse a conocerme y va a aparecer por la tiendita de papel cualquier día. Si no está ya allí.

Sin perder nunca de vista que emprender es bonito, hay gestiones, como las bancarias, que pueden resultar tediosas. A mí, en cambio, me gusta ir a mi Caja: apenas hay que guardar cola; los empleados trabajan ¡y sonríen! al mismo tiempo, y —la razón más poderosa— el abuelo atento fue cajero.

Un día, en la fase de intendencias previas a la apertura de Atentamente, me explicaron un cerro de cosas. Yo asentía, hacía como que entendía superbién lo de la cuenta negocio, el funcionamiento del tpv, las comisiones por las transferencias, las claves de la banca online y suputamadre el resto de particularidades cajeras. Por supuesto, no procesé nada, pero supieron aceptar mi atontamiento, y me volvieron a explicar toda aquella maravilla.

Son también compasivos cuando me arrastro a pagar mis multas de la zona azul. Aunque sean justificadas, aunque me las merezca, aunque luego se den de cabezazos contra el cajero automático —»¡Esta chiquilla colecciona papeles sin criterio!»—, ellos siempre se posicionan de mi parte.

O cuando ingreso mis dinerales. Salgo de casa con el pastizal re-que-te-contado. Y al llegar a la caja, se repite siempre el mismo ritual:

– ¿Cuánto traes?

– [Como esto es ficción, yo digo…] 300.000 euros.

– Eso es el valor facial. Veamos el valor contable.

Me quedo maravillada con lo del valor facial, pensando en qué circunstancia voy a poder usar expresión más distinguida. Mete la pasta gansa en la máquina cuentabilletes, los cuenta, me mira, le miro.

– Pues estás equivocada.

– ¿… Hay menos?

– ¡Hay 500.000 euros!

Y se me caen las lágrimas de la risa, como a la carita del wasap.

Ya me marcho a toda castaña para abrir la tiendita de papel. Me gusta mi Caja porque llego como sea, pero siempre me marcho contenta. Y en lo que me pongo de nuevo a Santi Balmes en la oreja, me imagino, a mi espalda, la sonrisa cómplice de los cajeros: «Madre mía con la atenta!»

4 Comentarios

  1. Ten en cuenta que ya he puesto tus redes sociales y tu blog servilletero atento como ejemplo a un par de clientes a los que hago consultoría en comunicación 3.0 Cada día mejoras. Eres tan grande que cualquier día te sales de «Atentamente» por las rendijas

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