Feliz como Lartigue

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«Ishtagraaán!!» Esto es lo que grito -en tono Marcial– cada vez que el móvil parpadea con un aviso de Instagram. No había tenido antes Instagram –ishtagraaán– hasta que un día, en pleno delirio por la apertura de Atentamente, una amiga me anima:

– ¡Háztelo! Tu tienda es muy visual. Muy apropiada para Instagram.

– Pero si ya tengo feisbuk, tuiter, pinterest [minuto y resultado: esto último, ya casi no. Es que… tengo mucha plancha.]

– Prueba. Verás cómo te alegras.

Su invitación a la alegría me recuerda las palabras de Jacques Henri Lartigue, el fotógrafo de la felicidad efímera y cotidiana: «Yo nací feliz. Eso cuenta, ¿no?»

Como soy de felicidad fácil, me hago un Instagram. Se nota que llego con 5 años de retraso porque pongo marcos que ya nadie usa, y me debato sobre qué filtro emplear cuando la gente aclara que #nofilters. Se me nota también que curso 1º de Instagram el día que recibo unos sellos de silicona dedicados a la red social, con su camarita, su me gusta, su corazón… y tardo varios ratos en entender el sello del mensaje encriptado: «AdoroIG» (¡?)

Da igual. Confirmo que Instagram te pone feliz como a Lartigue. Te encuentras, de manera fluida, con gente entusiasta, animosa, que no para de dar aplausos del wasap. Te da alegría 2.0., que es leve y es real.

Algunos seguidores son conocidos; otros no. Hay uno –pigamer 37– que pulsa el corazón día tras día. Yo fantaseo con que es un tiazo, aunque todos sabemos que será una clienta atenta. Pero desde aquí, pigamer, te lo ruego: si alguna vez visitas Atentamente, identifícate con la contraseña «AdoroIG». Los sellos son para ti.

A mí, como a Lartigue, la felicidad me llega con una canción, un papel italiano, la luz de la tarde en la tienda de papel… Y puede que aprecie -también como él- la felicidad efímera y doméstica, la del tintineo del móvil que me avisa de que lo atento gusta. Eso cuenta, ¿no?

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