Las medici atentas

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Están los Medici a secas, aquella familia florentina que impulsó -con carretillos de liras- las artes renacentistas. Y están las medici atentas, clientas que no solo compran y hacen talleres a trisca: es que, además, ¡te regalan cosas! Aparecen con galletas, bizcochos, chuches, tes que perfuman el atelier; traen libros deliciosos -«es que te pega»-; sugieren por feisbuk canciones maravillosas… Se marchan felices, y a mí me dejan con carita perpleja del wasap.

Entra una mecenas atenta como que a comprar una postal. Empieza a girar el expositor –ñi ñiiii-, y repara en el escritorio de la entrada. Lo mira unos segundos… y se olvida de la postal.

Avanza por la tienda. Parece ahora que es papel lo que busca. Contempla los de scrap, aprecia los Tassotti… Y reconoce la máquina de escribir. «Mi padre tuvo una parecida», comenta repasando las teclas, redondas, mayúsculas, de palo alto.

«Ah, sellos, quería un sello para usarlo de exlibris», ya recuerda, cuando descubre el pupitre rural. Y entonces sí que da una pequeña sacudida.

– Pero esto, ¿de dónde lo has sacado?

– Me lo regaló mi amiga P. Lo rescató hace años de un colegio rural, y lo guardó en casa sin saber qué hacer con él. Cuando le conté que iba a abrir una papelería, lo limpió, lo lijó, lo barnizó, ella y sus bambinos. Es una joya… El pupitre también.

Pero no parece escuchar nada de lo que le cuento. Agita un dedo en el hueco de los tinteros.

– ¿No los tienes?

– Mmno.

– Pues yo tenía unos… Si los encuentro, te los traigo.

Al tiempo, regresa la mecenas atenta. Yo estaba a mis cosas de papelera, cuando dice:

– Ah, pensarás que soy una malqueda.

– ¿…?

– Pero mira: los he encontrado.

Saca del bolso, mullidos en plástico de burbujas, dos tinteros antiguos: uno blanco, uno azul. Soy un montón de caritas perplejas del wasap; le digo quenó quenó, y ella quesí quesí; le doy las gracias muchas veces, y me entran ganas de besarle las manos y los pies.

Ya se está marchando, la medici atenta, y me da su último regalo: «Yo solo quiero que a ti te vaya bien.»

Carita que llora y carita que ríe, del wasap.

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