Cosas preciosas

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  • Me gustaría hacer un álbum para regalárselo a mi hermana.
  • Quería washi para decorar las paredes de la habitación de los niños.
  • Busco papeles bonitos para forrar una maleta antigua que tengo en casa desde hace un montón.
  • ¿Qué necesito para hacer esas banderitas tan chulas que tienes ahí?

Llegan los clientes atentos cargaditos de ideas de papel. Da un poco igual si son experimentados o novatos; si se erizan frente a las plegadoras –“¡Por fin!”  o las miran con escepticismo –“¡¿Pero si esto es un palo?!” Da igual. Todos se parecen en que les arrastran sus ideas. Las cuentan con entusiasmo, piden consejo, se deciden, y al marchar de la tienda de papel, les digo -porque me gusta que esto sea lo último que oigan-: “Que hagas cosas preciosas.”

Me los imagino, regresando a casa como balines, para empezar cuanto antes las cosas preciosas. La mesa del experto, repulía, con su base de corte y todas las herramientas dispuestas a modo de instrumental quirúrgico. La del novato, un puro barullo de cacharros. Comienza el pro: “Veamos: la cinta de doble cara aquí, la perforadora de esquinas lista, la guillotina a punto, MI plegadora siempre cerca…” Y el popular: “Joooder con la cinta, ¡si está viva!, ¿pero estos redondeles se llaman ojetes en serio?, y lo del palo, ¿para qué valía?” Horas después, el winner concluye: “Bueno, creo que para ser mi primera encuadernación con cosido copto no está mal.” Y mientras, el looser: “¡Ay, amá, qué destrozo he preparao. Estoy fatal. Llevadme a un bar.”

Algunos suben fotos a sus redes sociales, otros vuelven a Atentamente. Los pulcros no están muy conformes con una brizna de cola que se escapó al forrar las guardas -imposible de apreciar al ojo humano-; los guarreras, entre risas, relatan que su álbum desastre al final gustó.

Yo me siento muy afortunada por que me confíen estas historias. Y claro que nos gusta que las cosas queden bien, pero… –lo imperfecto es bonito- también da un poco igual. Da un poco igual si son impecables o chapuzas. Porque están tan soñadas, hay tanto cariño puesto… que son cosas, necesariamente, preciosas.

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