Volver pronto

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Viene N. desde Parma, para dar abrazos de oso, llevarse un cuaderno pirata… y dejarme tremenda nostalgia italiana. Paseamos por la tienda, le muestro los papeles Tassotti –»¿Son de Bassano del Grappa? Pues si quieres visitar questa dita, ya sabes dónde tienes casa»-… Y me ahogo en tantissima nostalgia. Lo nota y me da otro abrazo de oso: «Volveré pronto.» Justo lo que yo quiero. Volver pronto. A Italia.

Porque Atentamente, antes de nacer, se sueña en viajes. En Francia, desde luego, frente aquella exquisita papelerie, belle, utile et inventive, de la Bretaña. Y, sobre todo, la tiendita de papel se fantasea en Italia. Fue durante el verano en el que casi nos derretimos dando pedales bajo el ferragosto toscano. Echamos pie a tierra en Florencia, y pasamos del Palazzo Pitti, la Piazza della Signoria y la Galleria degli Uffizi: solo queríamos birras Moretti. Junto al Ponte Vecchio estaba Signum, mi cartoleria soñada. Como no me la podía llevar, quise al menos comprar unas láminas. Como iba con alforjas de bici, puse al David de Michelangelo por testigo de que volvería a Florencia a por ellas.

Y volví.

Hace un año regresaba para subir la artrítica torre Garisenda de Bolonia, pedirle unos cuantos imposibles al santo Antonio de Padua, ser luthier tras salir del Museo Stradivari en Cremona, cenar con N. -abrazo de oso- en Parma… y desviarme hasta Florencia a por ¡mis! láminas: una vespa, una lambretta, una bici, il ponte vecchio, la cúpula del Duomo. Conté todo el rollo a mi homóloga italiana -“Es que yo ya estuve aquí, signora, pero en bici, mal”-, y se puso tan contenta como cuando yo vendo washi tape a palas.

Nostalgia italiana… Cómo no tenerla: si hasta quise que Atentamente se llamara cartoleria-atelier. Me encantaba ese flirteo de lenguas, pero era demasiada explicación para ser un buen nombre. A cambio, le digo cariñosamente bimba de papel, pues lo es: una niña pequeña y bonita que está aprendiendo a hablar: uno, due, tre

Qué tremenda nostalgia. Y ahora viene Vila-Matas a arreglarlo: “La hermosa Italia, al igual que la persona amada, está siempre más lejos, en otro lado.”

Quizás no conviene ambicionar: ya estuve en Italia, tuve cerca a la persona amada. Pero, a veces, solo a veces, las extraño. Es entonces que pienso que ya ha de quedar menos. Para volver pronto. A verlas.

 

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