Papelera en prácticas

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Quiero ser una buena papelera: hacer pedidos con decisión, colocar productos de modo ejecutivo, atender a los clientes a lo británico –firm but polite-, dominar los modelos 036 y 115, hablar con naturalidad del recargo de equivalencia, saberme de memoria mi ROI y mi PIN y mi password de mis dos bancas online… Quiero ser superbuena papelera.

Pero, por ahora, soy papelera en prácticas. Y, en lo que me gradúo, la cago a diario.

Desde la apertura de Atentamente llevo pagadas  cuatro -¡4!- multas de aparcamiento. La última, con visita al depósito incluida. Allí estaba yo, bombitarubio, detonando con los ojos al funcionario de ¿12 años? que me acababa de levantar 90 -ay- euros.

La cago porque digo cosas convencida, que al minuto se me olvidan:

  • Soy el del gas. ¿Vas a estar el lunes en casa?
  •  Pues claro -y salgo a correr con la vecina-
  • Soy otra vez el del gas. ¿Estarás el jueves?
  • Claro que sí. -¡Y me vuelvo a ir a correr!-

Ni digamos en la tiendita de papel.

Sufro cuando un cliente pide factura. Si hay confianza, le cuento la cruda realidad: que se me olvida cómo hacerlas de una vez para otra; si no la hay, comento muy seria que, en clara coherencia empresarial, se la haré llegar en papel, para ganar un poco de tiempo y recordar cómo cojones se emiten las dichosas.

También la cago con las cosas que se supone debería tener y no tengo: folios dinA4, bolis bic, pegamento, grapadoras… Hace unos días vino B. por segunda vez. B. es erudito. Me alegra verle de nuevo y quiero ser buena papelera. Se lleva washis lisos, unos pliegos Tassotti suavísimos, la perforadora de esquinas –un capricho, anota-. Entonces, pregunta:

  • ¿Tienes cartón para encuadernar?
  • Lo siento, B. Lo usamos en los talleres, pero no lo vendo. De todos modos, puedes encontrarlo en Miranda.
  • Oh, pena… Me gusta tanto tu tienda que quisiera comprarlo todo aquí.
  • Oh. -Y me siento fatal por fallar a B., el erudito-.

Y sin embargo, y al mismo tiempo, me estimula la sensación de incertidumbre, de no saber casi de nada, de moverme con cuidado por si cometo algún destrozo, de aprender de los que saben.

De soñarme buena papelera.

De vivir en prácticas.

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