Antes de las burbujas

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Buuuaaaahhhhh.

Es el bostezo que parece estar dando Salamanca, después de llevar tiempo y tiempo culturalmente amodorrada. Y parece que, tras tanta legaña enquistada, se ha lanzado a la ducha, acicalado y puesto guapa en un momento.

Se escucha agitar –clácláclá- los aerosoles de pintura para las persianas metálicas del Barrio del Oeste; hay un edificio que se convierte en teatro vertical y café con vistas, habitado por unas completas malhabladas; como un icerberg emerge el coworking Ártico, La Salchichería y LemArte; tienditas de ropa distinta se plantan en jarras frente a las franquicias; del cierre de la Fundación Sánchez Ruipérez todo fue negativo, todo, excepto un punto positivo y curioso; aparecen garitos valientes que programan ¡conciertos!, y tratan de recuperar los años de silencio musical perdidos…

También Atentamente quiere ser un lugar diferente, que cuide del papel y de la gente, para que cuando se marche haya visto, olido, tocado y escuchado cosas bonitas. Si además compran, entonces les tiramos confetis.

Todo esto está guay.

Pero antes del aluvión de propuestas descaradas y con burbujas, ya habitaban la ciudad los maestros, los que peinan canas desde la trinchera cultural, los que han aguantado el frío y la soledad de la crisis –la económica y la emocional-, los que han hecho de curadores–cuidadores, metiendo lentamente gas a toda esta gozosa efervescencia.

Pienso en Hydria –Suso es sabio como los robles de Las Médulas, y Rafa me señala libros con la mirada, así me conoce-. Pienso en Campus, y veo a Loreto y a Javier cruzando cada año el Cabo de Hornos, que así ha de ser la venta de libros a universitarios. Pienso en La Nave, ese templo crujiente alzado a los libros ocres y las joyas eternas.

(En este espacio cada uno puede pensar en sus lugares sagrados, en sus personas profetas)

Es un alivio que Salamanca salga de la hibernación. Emociona que entre las burbujas que cosquillean la ciudad vuelen algunos confetis de la tiendita de papel. Pero -y sobre todo- tranquiliza vivir esta aventura siguiendo la huella de los que saben, resistennavegan y nos curan… desde mucho antes de las burbujas.

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