Suspiros Haenke

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M. lo dijo el primer día: “Meri, tienes que poner alguna cosa fea, para que podamos descansar un poco la mirada.”

Su exagerado y cariñoso comentario tiene algo de cierto: hay consenso entre los clientes atentos al considerar bonita la tienda de papel. Reconforta que los cuadernos, las postales, los washis y los sellos que escojo con esmero agraden a muchos. Y emocionan las palabras bonitas que dedican al mobiliario y los ornamentos, las flores y la música de Atentamente, tan importantes, claro, como el contenido.

Un varón (¡!) entra a comprar papel de scrap (¡¡!!). Paga. Se marcha. Vuelve a entrar. Pienso: “Ya he cobrado mal.”

  • Esta silla del escaparate… ¿Es Thonet, verdad?
  • Síííf. –suspiro: no he cobrado mal-.
  • ¿Me dejarías hacerle una foto?

Varias personas preguntan arrebatadas si vendo el papel pintado de la entrada, las postales antiguas, el pupitre de escuela rural. “Preferiría no hacerlo”, digo solemne, a ver si perciben que hubo un tiempo en que leía… suspiro.

El cuadro del escaparate también provoca leves exclamaciones. Es un facsímil que reproduce la carta de colores de Tadeo Haenke, naturista checo  del s. XVIII, que se enrola en la Expedición Malaspina con el mandado de codificar los colores que se  emplearían más tarde en las ilustraciones de los jardines botánicos.

Ay, Haenke… Me lo imagino apretujando su baúl, con polainas y jubones, para tan largo viaje. Sale de Viena en junio de 1789, llega a Biarritz, hace la visita del médico en la corte, y pitando para Cádiz, donde unas horas antes habían ya zarpado -¡suspiro!- las dos fragatas, Descubierta y Atrevida. Consigue al fin sumarse a la expedición en abril de 1790, en Santiago de Chile.

El checo ilustrado no se conforma con recolectar miles de plantas, sino que también investiga la música indígena, los fósiles, los animales. Incluso pide desembarcar para viajar más despacio, por tierra, desde Lima hasta Buenos Aires y desde allí, regresar junto con la victoriosa expedición a España.

Pero Haenke se aturulla recopilando flores y otras cosas: asciende el volcán Misti; con sus investigaciones mejora la pólvora, y es el primer europeo en descubrir el mayor nenúfar conocido, la Victoria amazónica. En Cochabamba, compra una finca, y en ella proyecta un jardín botánico. Y cuando parece que comienza a echar raíces, en 1816, fallece al beber por error -ay- un líquido corrosivo.

Qué vida tan atolondrada, Tadeo Haenke, qué erudita y viajera, con cuánto color… Y qué suspirada, también.

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