El destello extraordinario

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  • Hola, ¿tienes váter?
  • Uhmmm, sí –con delirios de grandeza, pero sí-.
  • ¿Nos dejas usarlo?
  • … Pero es que esto no es un…
  • Nos vamos ahora mismo para Badajoz y no podemos aguantar.
  • Anda, pasad. Pero al salir me compráis un papel.

Las muchachinas pacenses me recuerdan las palabras de Jacinto Antón, periodista de floretes, momias y húsares: “El mundo es un lugar maravilloso y lleno de sorpresas, como confirmará cualquiera que tenga gatos o serpientes.” Cuánta razón. Solo hay que estar con los ojos, los oídos y el lápiz bien atento para apreciar el destello extraordinario de las historias cotidianas que ocurren cada día. También en la tiendita de papel.

Es mediodía. Padres como Sputnik recogen a sus chiquillos. Pienso en cerrar, cuando entran B. y su chico.

  • ¿Podemos mirar?
  • Claro.
  • ¿Y este libro, Todo patas arriba, de qué trata?
  • Es un cuento ilustrado que explica sin bobadas las locuras que desencadena el amor.
  • ¿Sí?
  • Sí.
  • Pues nos lo llevamos, ¿no?… Es que venimos de los juzgados. Acabamos de casarnos.

Llega la chica más sonriente y con la voz más dulce del planeta. Habla castellano con un acento italiano que me envuelve de nostalgia azzurra. A cada cosa que cuento, la ragazza responde “¡Oh!”

  • Esto es un sello de silicona, que estampa una partitura.
  • Oh…
  • Aquí está el papel germinado, que brota y es comestible.
  • ¡Oh!
  • Y este es plantable. Lo siembras, y nacen flores.
  • ¡Oooohhh!

Un señor busca unos pendientes de papel para su hija. Está indeciso sobre el color. Finalmente, elige los verdes.

  • ¿Y si no le gustan?
  • Los puede cambiar. Pero le van a encantar.

Justo al marcharse, dice: «Las tiendas bonitas embellecen las ciudades. La tuya hace aún más bonita Salamanca.»

Y así, cada día. Trabajo, deslumbrada, por destellos de historias cotidianas, regalos de gente extraordinaria.

 

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