La Servilleta |
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Lleva unas semanas seria, y cuando está seria, no sonríe, y si no sonríe, no entorna los ojitos. Y si la bimba no entorna los ojitos, es que algo gordo pasa. Y pasa que hace dos semanas llegó la tienda online, y con ella, montones de cambios. Antes éramos bimba y papelera, y ahora, bimba, papelera, sorellina y empleada del año. Son cambios que queríamos, que nos traen vida y alegría, y que permiten que lo atento se polinice around the world. Vamos de emoción en emoción cada vez que la sorellina se despierta —ding ding— porque alguien pregunta a través del chat; cuando  —ding ding— se da de alta un cliente; o  —ding ding ding— ¡entra un pedido! No podemos estar más que contentas. Pero la bimba no entorna los ojitos, y si no entorna los ojitos...

Como estoy más blandibú de lo habitual ¿Más? cualquier comentario sobre la sorellina me afecta. R. es clienta atenta. Estudia Encuadernación. De camino a la escuela, saluda desde la puerta: He estado mirando la tienda online. ¿Y qué te parece? Pues que le falta algo. Es que...

¿Seguro que no le falta de nada? Lo tiene todo, papelera. ¿Y el carrito de compra funciona y aparece el mensajito de las cookies? Es una tiendita online sana y preciosa. Como soy brava papelera, no pedí epidural sino Mahous. Y será porque ya han pasado 3 años y lo he olvidado —a base de Mahous—, pero guardaba el recuerdo de que la bimba nació más fácil. La sorellina, en cambio, ha sido parto programado, no había manera de que saliera la chiquilla: que si un archivo de 1.500 fotos, que si hoja de excel con 738 referencias, que si estas imágenes no se adaptan al slider y te toca repetirlas, que si los atributos de modelo-color-colección no se han creado ahora vas tú y los picas con tus manitas...

¿Y cómo va a ser la hermanita? La bimba me persigue con su tutú amarillo mientras yo corro y vuelo como un sputnik. Faltan muy pocos días para que lancemos tienda online y estamos nerviosas, y expectantes, y cansadas, y felices. Será la oxitocina. Recuerdo muy bien la primera tarde que abrí la puerta de Atentamente, cuando aún no hablaba ni de bimba, ni de corriente atenta, ni de emprender que es bonito; cuando todavía no tachaba tacos ni me cagaba enojaba con Montoro, la zona azul, los iberdrolos, MRW. Parece que ha pasado una glaciación. Y sólo han sido 3 años. Uno. Dos. Tres. ¿Y de qué color va a ser el tutú de la hermanita? De estos tres años, me quedo con el vocabulario con el que he contado todas estas historias atentas. Como el lenguaje cómplice de los enamorados, así hablo yo de la bimba que es la tiendita, de la corriente atenta, que sois los clientes, de lo imperfecto y bonitos que son los talleres, de esta servilleta que hace reír y llorar, de la papelera. La papelera terca, atolondrada y decidida que un día dijo que iba a abrir una tiendita de papel, y que ahora dice que va a polinizar lo atento around the world. Luego me aturullo porque no sé cambiar la domiciliación de los seguros sociales, pero el abuelo atento me lo aclara: "Nena, tú no estás hecha para chuminadas. Lo tuyo son las cosas sublimes." Y no sé si recibiremos un cerro de pedidos o si comeremos cajas de cartón muchos meses; si los mensajeros tratarán con mimo los paquetes o sufriré si me avisan de que han llegado en mal estado. Aún no tengo vocabulario para esta nueva historia. Ni siquiera sé cómo referirme a la tienda online cuando hablo de ella. ¿Puedo pensar yo un nombre para la hermanita? Claro que sí, bimba. ¿Puede ser...

Los cambios son bonitos, son necesarios, útiles, buenos. Tú te crees que es mejor estar sin cambios, —virgencita, virgencita, que me quede como estoy—, que si la cosa no cambia, es que todo está en orden, que todo está bien. O puedes intuir que, seguramente, estarías muchísimo mejor con un buen cambio pero, ¿cuándo es buen momento para cambiarlo todo? Da mucha pereza. Y da mucho miedo. A veces, preferimos estar mal y aparentemente estables, que bien y con cambios. A veces, hasta lo elegimos. Puede ocurrir que cambies y estés mal, porque el beneficio del cambio lo notas luego, cuando lo has colocado, cuando ha encontrado su sitio. Entonces, un día, cuando ya estás bien, miras para atrás y piensas: "Aaah, osea, que el cambio era para todo esto. Si lo llego a saber, hubiera penado menos." Pero eso se sabe luego. Después del cambio. Puestos a hacer cambios, que sean en otoño: se cambian los armarios, se cambian los horarios, los peinados, las rutinas, se cambia hasta el vocabulario: dejaremos de usar la palabra chancla. Cloro. Sandía. Sudor. Y nos entra una nostalgia rara hasta que nos adaptamos al cambio, y volvemos a sentirnos cómodos al pronunciar membrillo. Hojarasca. Mantita. Calor. Se me dan bien los cambios: he cambiado de corte de pelo, de casas, de trabajo, de ciudad, de amigos, de amor. Se me dan bien los cambios salvo uno. Hay uno que me mata, y me supera, y hasta he pedido ayuda para que me expliquen cómo afrontarlo bien. Pero nada, tres años después, sigo sin hacerme con él. Son 6,90. Pues te tengo que pagar con un billete de 50. Sin problema. (Quiticlink. Se abre la caja de monedas) Oh, cielos. ¿Pero cómo es posible? ¿Qué esté? ¿Otra vez? ¡Sin cambiooos! ...

Soy la pequeña de cuatro hermanos. Todos chicos. Siempre me han cuidado muchísimo: me llevaban y traían al cole, me dejaban sus geipermanes, jugábamos en la alfombra a los bolindres Se dice canicas. me ayudaban con las mates, me traían un Toblerone cuando volvían de parranda. Condujeron el coche en el que iba blanca y radiante; me consolaron, entre cajas de mudanza, asegurando que ese nuevo hogar de ladrillo iba a estar superbién; montaron lámparas en la tiendita; me preguntan cada día cómo estoy por wasap. Con nenes tan buenos, nunca he tenido añoranza de hermana. Pues resulta que tengo una. Gemela. Italiana. Se pone en contacto conmigo R. Que tiene una pequeña marca de papelería en un pueblecito cercano al Lago di Como, por encima de Milán. Que ha descubierto Atentamente buceando por internet. Que le encantaría que conociera su catálogo, por si alguna cosa me interesara. Abro el pdf, los ojos y el diccionario, y le contesto en mi imperfecto italiano: "Cara R., grazie mile per la tua mail!" Hago un pedido, ojalá llegue bien desde tan lejos, no he estado en Lago di Como, me atrapa tremenda nostalgia. A lo días, en perfecto embalaje, aparecen pliegos de papel con faros, sirenas, marineros; cuadernos para ver estrellas y constelaciones; postales que dan las gracias y felicitan en el idioma del país de la bimba. "Cara R., sai che chiamo Bimba alla mia cartoleria?» Le confieso que he buscado dónde vive en Google Maps; ella me contesta que también. Nos seguimos por las redes, nos gustan todas y cada una de las cosas que publicamos, le cuento dónde pasaré el verano, me cuenta que ya ha estado y que me encantará; me explica cosas de La Toscana, le digo que yo la recorrí en bici...

Mi bimba huele a papel. Todos los días despierto a la bimba con canciones. Esta mañana le canto, a mi manera, una de El Último de la Fila. Ahí está dormidita, con su tutú amarillo, revuelta en rizos. Hoy es su cumpleaños. La miro y se me cae una lagrimita porque soy papelera que llora. Y que sonríe. Auguri, bimba! ¿Ya es hoy mi cumple3? Ya es hoy. ¿Y cómo era cuando nací? Antes de nacer ya eras muy querida. Los abuelos atentos viajaron mil veces con regalos y lentejas; tus tíos hicieron taladros, pusieron bombillas, asaltaron Ikea, brindaron por ti. Hasta plegaron una pajarita de papel para venir a conocerte. ¿La que está colgada en el perchero del atelier? Esa. Yo pensaba que, descontando familia y amigos, nadie vendría a verte. Y entonces, apareció la corriente atenta, una entusiasta legión de clientas fieles y generosas, que nos cuidan con alegría: Macarena te quiere desde que eras más estanterías que cosas; Jeanne te manda postales desde lugares maravillosos; Aurora compra un boli —"y este cuaderno. Es que...

Vuelvo a mediodía a mi hogar de ladrillo. Enciendo la radio, servicios informativos: "Del total de emprendedores dados de alta en los dos últimos años en la región, el 90% ha tenido que cerrar su negocio. Las razones se encuentran en la falta de preparación y de experiencia." Evoco las palabras de quien ya lo anunció, antes y mejor que yo: "¡¡A mediodía, alegría!!" (Leticia Sabater) Apago la radio. Preparo manjares sanísimos. Para compensar, me abro una birrita. Falta de preparación dicen: pero, ¿en qué carrera te explican que emprender es bonito? ¿Dónde te entrenan para el lanzamiento sin paracaídas? ¿Cómo coges fondo para lidiar con burocracias, multitareas, canas, dudas, contracturas? Esta ensalada de lechuga con lechuga tendría que estar recomendada en Saber Vivir. Y la experiencia, pero vamos a ver: ¿acaso Leticia Sabater cantó bien desde el principio? Vale, esto lo retiro. Friego el plato. ¿Friegas para un plato? Es que vaya bobada de indicadores: ¿por qué no incluyen la implicación emocional, la creación de comunidad, la gestión del funambulismo como elementos de evaluación? O si quieren hablar de cosas tochas: ¿por qué no mencionan el colchón económico que el emprendedor debe tener para esos dos años de cero ingresos? Según la noticia, tendría que estar contenta porque estoy en la horquilla del 10% que, tras tres años, vive —¿se nota la cursiva?— del emprendimiento. Pero no me da la gana: en el camino se ha quedado mucha gente que puso idéntica ilusión, trabajo, ideas y pasta que yo. Llego a la tiendita con tremendo chine. Entra una clienta y se lo cuento todo: lo de la noticia, lo de la ensalada y lo de que friego para un solo plato. ¿Para un plato? Y es que además no tienen en cuenta que, si emprender es bonito, hacerlo sola es mortal con tirabuzón. Pero tú no estás sola. ¿...

Iba a escribir sobre las cinco llamadas que hizo O. al ver la programación de los talleres atentos: "¿Me guardas 5 plazas para el taller de carvado de sellos? Tengo un grupo de wasap que está que arde si no les confirmo que tenemos sitio. ¡Te dejo que me estoy depilando!" pero no hago más que pensar en Barcelona,  en que hace justo un año, yo también estaba allí. Quería hablar de los correos apresurados de la corriente atenta, que estos días disfruta de sus vacaciones: "¿Te quedan plazas para el bullet journal? Te llegará una postal desde Portugal. Beijinhos!". El agobio con el que preguntaba P.: "Es que estoy en Estados Unidos y no puedo perderme el taller de lettering otra vez: ¿se puede pasar mi madre a pagarlo?" Y vuelvo a la Barceloneta, la Sagrada Familia, las cañas en Gracia, lo guapa que estaba, eran sus fiestas, el césped verdísimo de Tot el Camp/ es un clam. La idea era recordar el wasap de I.: "Me acaba de enviar mi hija el cartel con los talleres. ¿Puedo reservar uno por aquí?" O la llamada de A.: "Estoy en el médico, nada, rutinas, y mirando el móvil me salta la programación. ¡Quiero ir!" Y fuimos a pasear por Las Ramblas, repletas de turistas, como siempre, como ayer. Y al final decido escribir de la alegría que desencadenan la llegada de los talleres atentos, porque los malos nos dejan muy tristes, pero no nos paralizan. Para su disgusto, apreciamos nuestra vida, nuestras ciudades, amamos a nuestras familias, lloramos y reímos con amigos, somos compasivos con desconocidos, acudimos tranquilos al campus, trabajamos en cosas que nos gustan, vamos a clases de yoga y pedimos por la paz, llenamos las terrazas, las plazas, las playas, los talleres. Y volveremos a las Ramblas a pasear....